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martes, 5 de octubre de 2021

Primera prueba en el congreso federal... Ojalá

Oscar Glenn

@OscarGlenn

Ojalá todos los políticos entiendan que si cuando son oposición se comparan con lo mejor para sustentar sus promesas, siendo gobierno no se pueden comparar con lo peor para justificar su ineficacia.

Ojalá que los legisladores y legisladoras federales de todos los partidos, no fallen en su primera encomienda significativa que es procesar adecuadamente la reforma constitucional en materia energética que el jueves pasado presentó el presidente de México, con la que pretende nuevas condiciones y tomar el control del sector sin contrapesos ni competencia, empoderando a la CFE, pues más allá de los afanes nacionalistas, se requiere un análisis técnico y jurídico riguroso para evitar un retroceso que a la postre debilite al sector, afectando no solo a los usuarios, sino también la competitividad de nuestro país y las posibilidades de transitar al uso de energías limpias.

Si bien el presidente ha insistido que su reforma busca que no haya privilegios para las grandes corporaciones económicas y comerciales, sino que se pague lo justo por la energía eléctrica y no aumente el precio de la luz, como efecto de la privatización de industria eléctrica -lo cual se escucha tentadoramente bien-, se debe recordar que meses atrás se intentó impulsar esas condiciones a través de una política energética emanada de la Secretaría de ramo, pero no logró implementarse dado que no superó múltiples cuestionamientos ni las controversias legales y por ello aunque se trata de impulsar como reforma, si no se logra despejar el fantasma de los apagones, ni garantizar que la poca eficacia característica en el manejo de las empresas estatales, no nos lleve a otro costoso fracaso, debe replantearse.

Considerando que en la pasada elección de diputados federales, uno de los planteamientos que llevó a una redistribución de espacios de representación, fue precisamente la necesidad de equilibrar las fuerzas políticas para analizar cada una de las reformas provenientes del ejecutivo, valorar escrupulosamente sus implicaciones y no permitir transformaciones que no sean auténticamente benéficas para la nación; las señoras y señores legisladores, no pueden fallar, titubear, dejarse seducir, ni menos intimidar con la posibilidad de ser exhibidos en la mañanera por votar contra esta reforma, porque seguro habrá un buen sector de la población que agradecerá sus argumentos y datos sólidos en una discusión de la cual sólo resulten modificaciones que ayuden a nuestro país a aprovechar las condiciones y superar los desafíos presentes y futuros.

Ante la iniciativa de reforma, diversos expertos advierten riesgos de avalar los cambios tal como se proponen, por eso es de exigir que se desarrolle el parlamento abierto que se ha prometido, en el cual se expongan y analicen los datos y se escuche la opinión de especialistas, más allá de las convicciones ideológicas. Es imperativo que los ciudadanos estemos atentos a un proceso que sin apresurarse, permita diseñar un cambio con base en una clara prospectiva, donde se especifique entre otras cosas, cuántos empleos se pueden generar, cuántas emisiones de carbono se ahorrarán, cómo se cumplirá con compromisos y tratados internacionales, como impactará a las pequeñas y medianas empresas, cómo beneficiará a los ciudadanos, cómo la CFE más que solo rectora o controladora -como se pretende-, sea competitiva y eficaz.

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