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miércoles, 6 de octubre de 2021

Hechos y nombres / Contra Sheinbaum

 

Alejandro Envila Fisher

Todavía no concluye, pero por la forma en que se desdobló y la ruta que tomó, el escándalo de la Fiscalía General de la República y el Conacyt en persecución de 31 científicos-académicos por el uso de recursos del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, se convirtió en un misil dirigido a Claudia Sheinbaum Pardo, jefa de Gobierno de la CDMX y aparente favorita del presidente, López Obrador, para sucederlo.

En una tercera vuelta, la Fiscalía ha citado a declarar a 6 de los 31 imputados, pero cualquiera que sea la decisión (es posible que vuelva a consignarlos), luego de que un juez federal rechazara dos veces sus peticiones de procesarlos por falta de elementos, y de que María Elena Álvarez-Buylla, se deslindó del caso dejando solo al Ministerio Público, cualquier resolución favorable que obtenga el equipo de Alejandro Gertz Manero, será leída como una consigna. Eso solo fortalecerá la impresión de que todo deriva de una venganza doble.

Para efectos prácticos, aunque al caso aún le quedan algunas posibilidades legales, mediáticamente el fiscal, la directora del Conacyt y el presidente, perdieron porque el tribunal de la opinión publica ya emitió una sentencia inapelable y esta considera a los científicos como perseguidos políticos de Álvarez-Buylla y Gertz Manero.

Sin embargo el asunto no resultó inocuo y el daño va más allá de esos tres personajes. Por un lado, la disputa enfrentó abiertamente al gobierno federal con una muy buena parte de la comunidad científica, que por ahora parece intocable y, por el otro, lesionó severamente la imagen de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Lo único que sin duda sobrevivirá de este pleito entre políticos y científicos en que Álvarez-Buylla metió a López Obrador, es el daño colateral ocasionado a la precandidata presidencial morenista cuando se hizo público, desde el nombre de su hija, Mariana Imaz Sheinbaum, hasta su condición de becaria del Conacyt, justo con uno de esos instrumentos de apoyo a estudiantes aspiracionistas, una beca, que el presidente ha cuestionado y señalado como símbolos de la corrupción neoliberal.

Si Mariana Imaz tenía o no los méritos académicos para recibir esa beca, ahora será lo de menos. Lo único que, injustamente, se juzgará del hecho es que la hija de la gobernadora capitalina, Sheinbaum, la correligionaria más cercana del presidente, es beneficiaria de las mismas prácticas calificadas por el propio López Obrador, durante sus catilinarias matutinas, como corruptas y promotoras de más corrupción.

Sin más análisis porque el morboso espectáculo en que los políticos han convertido a la política solo deja espacio para el escándalo irreflexivo, la hija de Claudia Sheinbaum ha sido marcada, para toda su vida, como la beneficiaria inmerecida de las mismas operaciones en cuya crítica, su madre ha apuntalado su carrera y su aspiración presidencial.

La millonaria beca de la hija de Sheinbaum fue convertida, desde el Conacyt, en un pasivo para la Jefa de Gobierno desde que se desató la persecución a la comunidad científica de la que se supone que la propia Claudia forma parte. Pero hay más, el escándalo de la hija becaria alcanzó tales dimensiones que sacó del closet otro cadáver del que la Jefa de Gobierno se venía cuidando desde que se decidió a competir electoralmente: Carlos Imaz Gispert.

El surgimiento en la escena de Mariana Imaz Sheinbaum de inmediato provocó que el nombre de su padre, esposo hasta hace no mucho de la Jefa de Gobierno, saliera a la luz. Con él vino el recuerdo y la reedición de aquel bochornoso episodio que lo captó recibiendo dinero a manos llenas en las oficinas del empresario argentino Carlos Ahumada. Cuando el escándalo en video detonó, Imaz era, además de esposo de Sheinbaum, jefe delegacional en Tlalpan. Antes del escándalo, cuando recibió el dinero de Ahumada, Carlos Imaz era el protegido, consentido y promovido de Rosario Robles Berlanga, entonces dirigente nacional del PRD pero también competidora y enemiga desde entonces de Andrés Manuel López Obrador.

Aunque Claudia Sheinbaum se divorció de Imaz antes de iniciar su campaña por la Jefatura de Gobierno, el nombre del padre de su hija y las circunstancias en que éste acabó siendo expulsado de la política, no son un asunto agradable para nadie. Ahora, ese nombre y su carga negativa, documentada en un video que de nuevo circula profusamente en redes sociales, vuelven junto con el tema de la beca de su hija, para poner en entredicho a la principal precandidata presidencial de Morena y del presidente López Obrador.

La información sobre la hija de Sheinbaum, igual que la idea de perseguir penalmente a los científicos, viene de Conacyt y aparece justo cuando el tabasqueño se ha esmerado en dejar claras sus preferencias sucesorias para que, al menos los miembros de su partido, no se confundan. En política no existen las casualidades y el presidente lo sabe.

@EnvilaFisher

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