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sábado, 2 de octubre de 2021

Dorado y Blanco

 

Arnulfo Valdivia Machuca
@arnulfovaldivia

Caitlin McNeil vive en la pequeña isla escocesa de Colonsay. Es cantante y trabaja en la taberna del pueblo, interpretando música folclórica. El 25 de febrero de 2015 subió una foto a twitter y escribió: “Chicos, por favor ayúdenme, ¿este vestido es blanco y dorado, o azul y negro? Mis amigos y yo no podemos ponernos de acuerdo y nos estamos volviendo locos.”

2 días y 21 millones de tuits después, el mundo seguía dividido sobre los colores del vestido. Celebridades globales alegaban sobre el veredicto. Kim Kardashian tuiteó que era dorado y blanco, mientras su esposo Kanye West afirmaba que era azul y negro. A la polémica ingresaron fotógrafos, psicólogos, oftalmólogos, neurocirujanos y 37 millones de personas que pasaron días alegando sobre los colores del vestido.

Más allá de la polémica, el vestido bicolor puso en evidencia un fenómeno aún más lamentable que el ya lamentable desacuerdo entre Kardashian y su esposo: la operación de los mecanismos modernos de polarización social.

Investigaciones serias indican que las personas tenemos infinitamente más coincidencias que diferencias en nuestras opiniones, incluso en temas controversiales. Sin embargo, hay un fenómeno que los populistas por cierto intuyen y explotan bien, que es la llamada “falsa polarización”. Esta se genera por situaciones como el vestido bicolor. Todos estamos de acuerdo, por ejemplo, en que es un vestido o en que tiene líneas, pero al resaltar sólo la diferencia, el color, entra en funcionamiento un mecanismo ancestral de nuestro cerebro, que es el juicio; es decir, una simplificación de la realidad que nos evita reconsiderar lo que ya hemos establecido como cierto. Los juicios se convierten en creencias y, una vez que creemos algo, buscaremos personas que crean lo mismo, con la esperanza de que su aprobación nos valide. Si alguien cree lo mismo, lo juzgaremos como aliado. A quien crea algo distinto lo juzgaremos como enemigo. Surgirán entonces líderes que nos dirán que lo que creemos es la verdad y resaltarán las diferencias. Todos los liderazgos repetirán lo que saben que queremos escuchar; nosotros daremos por ciertas sus palabras, porque de por sí ya las juzgamos ciertas. El mecanismo es perfecto: oímos lo que queremos oír y lo damos por bueno, porque de antemano lo consideramos cierto. Agrega el efecto multiplicador de las redes sociales y tienes la receta perfecta para la polarización sectaria.

Roman Originals, empresa fabricante del vestido, confirmó semanas después que los colores son azul y negro. Yo lo sigo viendo dorado y blanco. Eso no quiere decir que, ante la evidencia, no considere estar equivocado. Por todo esto, no te apasiones con tus creencias, porque terminarás siendo un autómata esclavo de ellas y de quienes las usen a su favor. Es el consejo perceptual de tu Sala de Consejo semanal.

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