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viernes, 13 de agosto de 2021

Los muertos que vos matasteis

 

Vladimir Galeana Solórzano

La historia registrará el nombre de quien ha sido culpable de la muerte de más de doscientos mil Mexicanos, lo que equivale a un genocidio. Cuando los gobiernos abandonan a su suerte a sus gobernados en momentos de agobios el desastre está a la vuelta de la esquina. Así ha venido ocurriendo en este país, y solamente existe un culpable y se llama Andres Manuel López Obrador. La historia lo ha registrado, y el juicio vendrá una vez que haya desocupado Palacio Nacional y se vaya a “La Chingada”, ese lugar donde ha reiterado que pasará sus últimos días. Pero una vez que deje la Presidencia de la República, seguramente los mexicanos dejarán de padecer los agobios a que los tiene acostumbrados.

No tan solo son las cifras de empobrecimiento que aporta el Coneval, con las que desde luego no está de acuerdo porque desnudan su propósito de empobrecer a la mayor parte del país para mantenerlos como rehenes de las dádivas institucionales, y manipularlos para que sigan siendo esa base social que ha disminuido considerablemente a causa de sus desatinadas decisiones desde la mayor responsabilidad de este país. Su empecinamiento por mantener el control de las decisiones violentando el Pacto Federal y pretendiendo incriminar a los gobernadores que no aceptan su tiranía, es la principal causa de las confrontaciones políticas.

Poco le ha importado que los mexicanos hayamos entendido finalmente que todo el dinero que gastó durante tantos años de activismo en todos los rincones del país provenía de las bandas del crimen organizado, y de los carteles de la droga que hasta ahora siguen viento en popa con sus actividades delictivas. Los mexicanos nunca debemos olvidar la instrucción que dio para que Ovidio Guzman fuera liberado después de que el Ejército Mexicano lo había sometido. La cantaleta de que fue para evitar un baño de sangre, que se la sigan creyendo sus principales colaboradores, lo liberó porque siempre ha mantenido esas ligas delincuenciales.

Las consecuencias de esas complicidades podrían ser letales para quienes ejercemos el periodismo. Y el principal motivo será nuestra persistencia de dar a conocer los descarados hurtos de dinero de las arcas públicas para entregarlos a sus principales colaboradores, y la permisibilidad que ha otorgado a las organizaciones delincuenciales para que sigan imponiendo el terror en todas las latitudes de este país. Cuando una organización delictiva como el Cartel de Jalisco Nueva Generacion vierte una amenaza, lo primero que debiera funcionar es el mecanismo de defensa de ese periodista y de la libertad de expresión, pero al Presidente de la República eso lo tiene sin cuidado porque su interés está centrado en convertirse en un dictador, así como lo han realizado los mandatarios populistas del Continente. Para decirlo más claro, Azucena Uresti, y cualquier periodista que ose criticarlo, está condenado a convertirse en un posible blanco de la Delincuencia Organizada.

Hasta ahora los resultados de la mortalidad por la pandemia son espeluznantes. Las cifras oficiales señalan que hasta el día en que esto escribo los muertos ascienden a más de doscientos cuarenta y seis mil Mexicanos de todas las latitudes y de todos los orígenes sociales, aunque habrá que señalar que a los que mayormente ha atacado es como siempre a los más desprotegidos. A esos que Andres Manuel López Obrador ha dejado morir porque decidió no invertir en medicamentos, al fin y al cabo que la mayoría de ellos ni falta hacen. Ese es el pensamiento de quien utilizo a los pobres como bandera y terminó deshaciéndose de ellos.

Cuando se dieron a conocer las estadísticas del incremento de la pobreza, decidió desconocer los datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística e Informática porque como siempre, tiene otros datos, y no son otros que los que concibe su mendicidad personal como estrategia de gobierno. Sin lugar a dudas Andres Manuel López Obrador pasará a la historia de este país como uno de los peores gobernantes, y bien merecido tendrá su siguiente destino: el ostracismo, el destierro que tenían por destino en la Grecia antigua aquellos que se consideraban peligrosos para la Ciudad. La historia lo juzgará y lo colocará en el lugar que se merece: el de la kakistocracia, que no es otra cosa que el Gobierno de los peores. Al tiempo. Vladimir.galeana@gmail.com

* Lic. en Derecho por la UNAM. Lic. En Periodismo por la Carlos Septien. Conferencista. Experto en Procesos de Comunicación. Expresidente de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión, Miembro del Consejo Nacional de Honor ANPERT, con 50 años de experiencia en diversos medios de comunicación.

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