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miércoles, 25 de agosto de 2021

La democracia de las emociones

 

Héctor Herrera Argüelles

“Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo,
y no deseo con exceso lo que no tengo”:
León Tolstoi

Especialistas de la UNAM señalan que el 25 % de las personas entre 18 y 65 años, ha padecido en algún momento de su vida un trastorno mental, pero solo uno de cada cinco recibe tratamiento, sin embargo, la pandemia ha exacerbado las complicaciones en la salud mental de las personas que se traducen en depresión, miedo, ansiedad y agresividad.

La salud mental está vinculada a la comunicación y a la interacción humana. La pandemia, a su vez, está provocando una transición en los modelos de la interacción humana. Esa transición impacta el campo individual y el campo social.

Anthony Giddens ha analizado desde su propuesta de la tercera vía, los efectos y las consecuencias de la globalización, sin embargo, en Un mundo desbocado, el sociólogo inglés, propone un concepto que me pareció revelador y sugerente:” la democracia de las emociones”.

La democracia de las emociones involucra a la pareja, la familia, así como la estructura tradicional de los modelos sociales, pero también la comunicación emocional, y en muchos sentidos, la intimidad.

Para Giddens, hay tres áreas en donde la comunicación emocional, y la intimidad, están reemplazando los “viejos lazos” que solían unir las vidas privadas: las relaciones amorosas, las relaciones padre-madre-hijos y la amistad.

La pandemia ha trastocado el campo de la interacción humana, y ha modificado el panorama para entender su desarrollo. Para Giddens, “la comunicación emocional es la clave para poder entender” todos sus posibles significados.

Una buena relación dice Giddens se basa en la comunicación, de manera que “entender el punto de vista de la otra persona es esencial”. En una sociedad como la mexicana donde las relaciones privadas y públicas se han fincado en el autoritarismo, hablar o dialogar parece una ofensa o un agravio.

Por ello, las relaciones funcionan cuando la gente no se esconde o se ve forzada a relacionarse vía remota. La confianza señala Giddens ha de construirse, “no se puede dar por sentada”, y subraya que “una buena relación” debe estar libre de “poder arbitrario, coerción y violencia”.

Una buena relación dice, debe ser como una buena democracia, donde se comparten derechos y obligaciones. El diálogo abierto insiste es una propiedad esencial de la democracia, y debe serlo, de la democracia emocional. La democracia se resquebraja si da paso “al autoritarismo o a la violencia”, y eso mismo sucede, en la democracia emocional.

Antes de la pandemia, emergían de forma pausada, las “nuevas formas de interrelacionarse”, su llegada ha fortalecido su emergencia. En la reconfiguración de los modelos de interacción humana, Giddens propone la democracia de las emociones e insiste “es tan importante como la democracia pública para mejorar la calidad de nuestras vidas”.

Señala que “una democracia de las emociones no implica falta de disciplina o ausencia de respeto. Busca, sencillamente, darles una nueva dimensión”.

Para la democracia de las emociones dice no hay distinciones entre relaciones heterosexuales y homosexuales, así como no hay distinciones entre las familias con o sin hijos.

Cuando Giddens habla de una democracia emocional se refiere también a la aceptación de obligaciones y derechos. En este contexto asegura que ya no es una cuestión de “si las formas existentes de familia tradicional se modificarán, sino de cuándo y cómo”.

La igualdad de los sexos y la libertad sexual de las mujeres que “son incompatibles con la familia tradicional, son un anatema para los grupos fundamentalistas”.

La pandemia está planteando retos rompe paradigmas. ¿Estamos preparados para una democracia emocional? Porque siempre habrá un talibán de derecha o de izquierda que se oponga.

Y si hay una democracia emocional privada, ¿es posible hablar de una democracia emocional pública?

De la libreta

° Benjamín García Sánchez denuncia una nueva serie de despidos injustificados en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, donde al parecer, lo menos que se respeta son los derechos fundamentales. Ya decía José Alfredo Jiménez: una piedra en el camino.

° Algo parecido sucede en el Instituto de Estudios Superiores Rosario Castellanos que depende del Gobierno de la CDMX. Profesores y trabajadores denuncian presiones administrativas, malos manejos y falta de respeto a sus derechos laborales. Señalan de forma específica a la Dra. Ana Julia Cruz Hernández, directora de asuntos académicos del Instituto de ejercer presión administrativa y dejarlos a la deriva en plena pandemia.

° Falta menos para el cambio en el gobierno del Estado de México y ante la poca oferta priísta, he escuchado a militantes de ese partido, mencionar la posibilidad de acoger como su candidato al presidente municipal de Huixquilucan, Enrique Vargas del Villar. Se anticipa rompimiento.

@HectorHerreraAR

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