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jueves, 19 de agosto de 2021

Afganistán: el nuevo desorden en Medio Oriente

 

Dra. Aribel Contreras Suárez

Afganistán es conocido como la tumba de los imperios. Esto se deriva a su sobrevivencia a Ciro el Grande, a Alejandro Magno, a los mongoles, al imperio británico, a la invasión de la entonces URSS y ahora a la americana.

El 11 de septiembre del 2001 -con el acontecimiento del ataque a las Torres Gemelas- se tuvo el pretexto perfecto para que Estados Unidos (EU) le declarara la guerra al terrorismo cuyo epicentro se ubicaba en Afganistán. Después de dos décadas de, supuestamente, hacer una transición hacia la democracia y de acabar con el terrorismo, EU ha fracasado. De acuerdo al Índice Global del Terrorismo 2021, Afganistán sigue ocupando la posición número 1. Es decir, es el país más terrorista del mundo. Por lo que este objetivo no se cumplió.

No olvidemos que, en 2019, el entonces mandatario Donald Trump fue quien instruyó a su yerno que buscara mecanismos que abonaran capital político a su reelección presidencial. Así que su yerno ni tardo ni perezoso, volteó a ver a Medio Oriente. Primero sería el acuerdo con los talibanes y después serían los Acuerdos de Abraham. El primer se firmó en Qatar el 29 de febrero del 2020 y los segundos se firmaron el 15 de septiembre también del año pasado. La intención de estos últimos era normalizar las relaciones entre Israel (gran aliado de EU) con Emiratos Árabes y Bahréin.

Sobre el acuerdo con los Talibanes, fue una de las peores decisiones de Trump. No sólo porque le heredó el problema a Biden sino porque no implementó desde esa fecha, una estrategia al interior de Afganistán que permitiera -con la retirada de las tropas estadounidenses- que cuando se diera el proceso paulatino para el 2021, el gobierno estuviera preparado para enfrentarse a esta confrontación y no permitir que escalara. ¿De qué sirven los servicios de inteligencia? Ahora sólo se justifican diciendo que no se esperaba que avanzaran tan rápido. ¿Es en serio? Esto ya se veía venir desde el año pasado cuando el entonces Secretario de Defensa de EU advirtió al presidente que eso generaría una turbulencia en dicho país.

A dos décadas de la declaración de esta guerra, EU no sólo la ha perdido. Sino que, además, se salió dejando el ‘tiradero político’. El costo de estos 20 años para EU ha sido de más de 2 billones de USD y en pérdidas humanos de más de 2500 estadounidenses, 450 británicos, 102 españoles, y se dice que hasta 240 000 afganos. Pero la crisis humanitaria que se desató en cuestión de días, tendrá un costo mayor a largo plazo. Seguramente con los talibanes en el poder, se generará el éxodo más grande de la historia superando los 5 millones de venezolanos por la dictadura de Maduro, donde EU también fracasó con su pobre estrategia basada en un personaje que no abonó a ser una verdadera oposición y el supuesto reconocimiento internacional se esfumó con la firma de aceptación ante la instauración del diálogo entre el gobierno oficial de dicho país y la oposición en la Ciudad de México.

De esta crisis nadie sabe cuánto durará pero abre las puertas a un nuevo desorden en la región en términos políticos por su vinculación con Pakistán, China y Rusia; económicos por ser el principal productor mundial del opio y sociales porque la población más vulnerable son los niños y las mujeres.

Hablando de mujeres, recordemos que el Foro Económico Mundial genera anualmente el Índice de Brecha de Género y en su última edición 2021, es claro ver que Afganistán ocupa la última posición de 156 países evaluados en 4 pilares: educación, salud, participación económica y empoderamiento político. En este último pilar, la mujer afgana había ligeramente avanzando en su rol dentro de la sociedad. Se tiene registrado que hubo 4 mujeres ministras, una gobernadora provincial, 20 provincias contaban con una vicegobernadora de asuntos sociales, alcaldesas, y mujeres empresarias. Con los talibanes en primera escena, una de las prioridades es lo que ocurrirá con las mujeres. Un retroceso es evidente, aunque la propaganda política diga lo contrario.

Y es así como hoy vemos una película aún sin concluir, pero que empieza con la escena de una guerra contra el terrorismo y en el ‘corto’ se ve la instauración del Emirato Islámico. Es decir, el retorno de los talibanes al poder nos deja saber que habrá una segunda parte de esta película cuyo protagonista no sólo actuó pésimo, sino que el director de escena y el productor no supieron darle el final que habían prometido. Ni en primera fila, habrá valido la pena ver esta película de horror que hoy deja un final inconcluso y que lejos de que los demás países sólo sean espectadores, deberán asumir su rol para acoger a los afganos como refugiados para devolverles una vida digna en esta historia que estuvo muy mal contada desde el guión.

Coordinadora de la Lic. Negocios Globales
Universidad Iberoamericana

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