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viernes, 26 de marzo de 2021

6 de junio: ¿Democracia o dictadura?

 

Jesús Zambrano Grijalva

@Jesus_ZambranoG

La democracia mexicana está amenazada desde la Presidencia de la República. Aunque López Obrador convoque a un acuerdo nacional para que ninguna autoridad se meta indebidamente en los procesos electivos, él mismo lo hace todos los días: Tiene a su disposición un ejército electoral que lucra con los programas sociales y, además, continúa incesantemente concentrando el poder del Estado en su persona. 

Veamos algunos hechos:

Hace unos días el INE aprobó un acuerdo con el que busca hacer efectiva una de las modificaciones que hizo realidad la reforma político-electoral de 1996 y que hoy se encuentra plasmada en la fracción V del artículo 54 de la Constitución: “en ningún caso, ningún partido político podrá contar con un número de diputados por ambos principios que representen un porcentaje del total de la Cámara que exceda en ocho puntos a su porcentaje de votación emitida”.

Cabe señalar que la izquierda progresista y democrática representada en el PRD, fue uno de los principales impulsores de esa reforma, misma que dotó de autonomía e independencia al IFE (hoy INE) y retiró por completo al Poder Ejecutivo del control electoral.

Es pertinente aclarar que la sobrerrepresentación de 8 por ciento fue impulsada y defendida por el entonces PRI hegemónico que, en ese momento, temía perder la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Argumentaron que una mayoría  consistente era necesaria para lograr la gobernabilidad. En cambio, las oposiciones pugnaban por una relación estricta entre votos y escaños.

Hoy, López Obrador y los partidos que lo llevaron al poder son quienes violentan el límite de ocho puntos porcentuales de sobrerrepresentación que permite la Constitución.

Recuérdese que, por medio de una estrategia truculenta, Morena logró una sobrerrepresentación superior a 15 puntos, y una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, algo que no sucedía desde 1994.       

Durante estos dos primeros años de gobierno, la mayoría absoluta y artificial de Morena -porque no es representativa de lo que votó la ciudadanía- han permitido al Ejecutivo hacer suyas todas las prácticas antidemocráticas de lo que fue el hiper-presidencialismo mexicano.

Sin ir muy lejos, hace apenas unos días el presidente López Obrador presentó una iniciativa preferente ante la Cámara de Diputados para reformar la Ley de la Industria Eléctrica y ordenó a sus legisladores “no cambiarle ni una coma”. Y sin cambiar ni una coma, sus diputados aprobaron una reforma evidentemente inconstitucional que, por fortuna, un Juez otorgó la suspensión definitiva.

En respuesta y al más puro estilo dictatorial, el presidente amenazó al Poder Judicial con modificar la Constitución pisoteando así la división de poderes y el Estado de Derecho.

Así mismo, más tardó el INE en publicar su acuerdo para impedir la sobrerrepresentación, que Morena en salir a amenazar a los consejeros y exigirles su renuncia además de advertir que impugnaría ante el Tribunal Electoral. El panorama no se ve en lo inmediato muy prometedor; pero es necesario que igual que ocurrió con los jueces que suspendieron la Ley preferente de AMLO, en este caso también los magistrados den muestra de independencia respecto al Ejecutivo.

Conforme se acerca la elección, el presidente muestra más su vena dictatorial. No debe dejar de mencionarse su solapamiento al gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, quien ha pasado por encima de la legalidad y tiene indebidamente preso a Rogelio Franco, candidato a diputado federal con amplias posibilidades de ganar y por ello buscan sacarlo de la contienda.

Rogelio es un preso político de la llamada “4T”, un líder social que le es incómodo al sátrapa virrey de Veracruz. 

Ya es muy evidente que el objetivo de López Obrador es desmantelar la democracia para abrir camino a un proyecto transexenal, autoritario y personal por encima de la Constitución, las instituciones y la ciudadanía. No exagero cuando digo que este 6 de junio es nuestra última oportunidad para detener esta amenaza. El riesgo es real. En las próximas elecciones la ciudadanía elegirá entre preservar la democracia o abrir camino a la dictadura. Fuera máscaras; no hay medias tintas.

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