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jueves, 3 de diciembre de 2020

2° Informe, pandemia y elecciones 2021

 

Jesús Zambrano Grijalva
@Jesus_ZambranoG

Dos años de gobierno de la supuesta “4a transformación”. Nada importante que destacar. 

Esta administración federal está reprobada en crecimiento económico, generación de empleos, protección de ingresos, salvamento de centenares de miles de micro, pequeñas y medianas empresas y evitar millones de desempleos; protección de la sociedad y los trabajadores de la salud ante la pandemia; combate a la corrupción y a la delincuencia... 

Larga es la lista deficitaria que desemboca en fracaso, decepción y tristeza con más de un millón de contagiados y más de cien mil hogares enlutados por la incapacidad, caprichos, e irresponsabilidad criminal de este gobierno nacional.

Aunque el presidente pregone un discurso triunfalista, la realidad evidencia lo contrario. Aunque desde el púlpito mañanero se subraye con sonrisa insultante ante sus críticos que ya estamos saliendo de la crisis sanitaria por el coronavirus, la mayoría de los estados registran cifras alarmantes de nuevos contagios y más muertos, al mismo tiempo que somos el país con más alto índice de letalidad, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte públicamente que “México debe tomarse en serio la pandemia”.

Puede decirse misa y anunciar una “guía ética para la transformación del país”, como si fuera una especie de opio que adormece a la feligresía beneficiaria de programas sociales clientelares; pero no se puede engañar a la mayoría nacional. El Presidente lo sabe; y si no, peor aún, aunque estoy seguro de que está al tanto.

Por eso, ferviente seguidor de las encuestas de opinión, tiene claro que su lánguida popularidad no se transfiere en automático a su partido Morena.

López Obrador es consciente de que en el 2021 puede perder la mayoría en la Cámara de Diputados y en los estados de la República, porque él no aparecerá en las boletas como en el 2018, y que ese fenómeno es irrepetible. Por eso quiere lograr lo imposible: Que Morena deje de ser un “gigante con pies de barro” y funja como una verdadera maquina electoral, así sea a través de la operación política de su ejército de “los vividores de la nación” que, en 2021, manejarán 300 mil millones de pesos de los programas sociales para comprar votos.

Eso lo ha llevado a dejar a un lado, ahora con más descaro, su papel de jefe de Estado para colocarse como dirigente de su partido, como jefe de pandilla descalificando las alianzas opositoras, ufanándose de que esas confluencias partidarias le dan “la razón histórica”.

No le importa hacer exactamente lo que tanto criticó del PAN y PRI cuando fueron gobierno, por haber hecho uso indebido de programas sociales, recursos y medios de comunicación para beneficiar a sus partidos. 

No escatima el violar la Constitución y las leyes electorales al usar el púlpito presidencial como instrumento de propaganda partidista, aún sabiendo que la comisión de delitos electorales ya está tipificada como “grave” y sin derecho a fianza. Es porque se siente impune ya que controla todos las resortes del poder.

Está obsesionado con ganar las elecciones del 2021 a costa de lo que sea, no le importa el bienestar de la gente ni la salud del país; por eso presume a voz en cuello sus niveles de aprobación exclamando que “con eso tenemos”. 

Andrés Manuel López quiere mantener su hegemonía a como dé lugar y por ello sataniza todo esfuerzo de unidad opositora; pero por eso mismo, hay que fortalecer todos los impulsos libertarios y unitarios de la sociedad para cambiar la correlación de fuerzas en 2021 y reorientar el rumbo del país.

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