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lunes, 9 de noviembre de 2020

Concatenaciones / Lecciones de la elección norteamericana

 


Fernando Irala

Diversas lecciones han sido señaladas ya por los expertos y observadores alrededor de la conflictiva elección presidencial norteamericana.

Algunas de ellas son sorprendentes; otras no tanto.

Lo más increíble no es la que por momentos pareció apretada victoria de Joe Biden, sino que luego de cuatro años de mal gobierno haya tanta gente no sólo convencida de votar por Trump, sino incluso cientos de miles apasionados y militantes de su causa. 

Esa lección involucra a México porque aquí va a ocurrir lo mismo. La conclusión allá y aquí es similar: la mayoría de la gente no vota guiada por el cerebro, ni siquiera por el corazón; lo hace con otros órganos, el hígado, el estómago, los intestinos.

Otro ingrediente es que el ahora presidente electo Biden en realidad nunca fue tan buen candidato; es un buen político, pero le falta carisma, tiene demasiados años y su estado de salud no es óptimo.

Con todo y eso, se impuso limpiamente al monstruo de cabello naranja, y ahora bajo su mando el sistema norteamericano podrá entrar en una terapia de recuperación de los daños producidos por el trumpismo.

Tal vez el factor más relevante en la victoria apenas empieza a ser notado, aunque irá adquiriendo relevancia a partir de ahora y en los próximos años.

A diferencia del senador McCain, candidato presidencial frente a Obama, cuya elección de su candidata a la vicepresidencia fue fatal y en parte explica su derrota, esta vez la designación de la senadora Kamala Harris no sólo constituyó una afortunada decisión, sino que puede haberse convertido en el elemento que cimentó el triunfo, atrajo el voto negro y el de otras minorías, y el de muchas mujeres, en tiempos en que las reivindicaciones femeninas adquieren cada vez mayor peso.

Kamala es la mujer del futuro de Estados Unidos. En los inicios de la pasada campaña presidencial quiso incluso ser la candidata demócrata, carrera para la que le faltó apoyo y dinero.

Su alianza con Biden y su aceptación de jugar por la vicepresidencia en la fórmula fue la mejor decisión de su vida.

En la siguiente elección, o a más tardar en ocho años, ella será la candidata y la presidenta.

La siguiente semana sustentaremos lo dicho.

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