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lunes, 24 de agosto de 2020

Concatenaciones / 60 mil muertos, y los que faltan

Fernando Irala

Entre el 8 y el 10 de mayo, el periodo en que según los cálculos oficiales habríamos llegado al pico de la pandemia, los fallecimientos por Covid-19 en México apenas rebasaban los tres mil.

Se nos decía entonces que al concluir la pandemia, nuestro país acumularía entre seis mil y ocho mil decesos, aunque en poco tiempo esa cifra se quedó chiquita. Entonces se nos dijo, naturalmente, que el saldo letal sería mayor, y que en un escenario catastrófico podrían sumarse hasta 60 mil muertos.

Ese monto fatal, siempre según las cuentas oficiales, se alcanzó el fin de semana pasado, de los cuales más de cincuenta mil han ocurrido en los últimos tres meses.

Pero eso no es lo peor. No hace falta decir que la catástrofe seguirá creciendo, y ya no tenemos ni idea de hasta dónde aumentará sus números, aunque sí es posible hacer algunas proyecciones.

Los contagios siguen sumando varios miles cada día, y mientras ese fenómeno no disminuya significativamente, seguiremos contando defunciones. Aún si el virus de pronto nos empezara a tratar con benevolencia, de aquí a diciembre arribaremos a otra cifra terrible: 100 mil decesos.

Lo anterior, si damos por buenas las cifras oficiales y hacemos un cálculo conservador. No podemos dejar de lado los análisis de expertos que señalan con distintos elementos que en México los datos de contagios y fallecidos en realidad hay que multiplicarlos por lo menos por tres.

Incluso la Organización Mundial de la Salud, en una expresión no exenta de diplomacia, ha señalado que “lo más probable es que  la epidemia en México esté subestimada”.

Entretanto, el confinamiento se relaja, porque la gente no puede estar indefinidamente encerrada, sobre todo cuando no tiene un ingreso de fuentes formales. La educación se reanuda por medio de la televisión, pues la conectividad y la disponibilidad de internet aún tiene muchos lugares y hogares desatendidos. El mismo gobierno, pese a intentar infundir confianza de que todo va bien no se atreve a reanudar del todo sus servicios y actividades.

Así nos aproximamos al último tercio del año, un año triste, de enfermedad, depresión y muerte, uno del que quisiéramos olvidarnos.

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