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lunes, 27 de julio de 2020

Economía y Política / Efectos de la reforma a las pensiones

Miguel Ángel Ferrer

Es cierto que hay personas de más de sesenta años de edad que se mantienen muy activos, muy entusiastas, que no desean jubilarse, que no les pesan las jornadas laborales largas, excesivas y aun extenuantes. Y lo que se dice para individuos de más de sesenta años cabe decirlo para aquellos que sobrepasan con largueza dicha edad, digamos más de ochenta años.

Pero esto no es lo normal. Lo normal es que la persona de sesenta años e incluso menos desee pasar a retiro, dejar de trabajar, cultivar el ocio, jugar con sus nietos, no querer más preocupaciones y responsabilidades. Un poco de calma luego de la tormenta de la vida.

Pero más allá de las preferencias personales están presentes las condiciones objetivas. El anciano ha visto mermadas sus facultades físicas e intelectuales y, consecuentemente, poco a poco va cayendo su rendimiento laboral. Por eso entre los clérigos y militares existe una edad obligatoria de retiro.

Para posibilitar el retiro es que se inventaron las jubilaciones y las pensiones. Estas han sido una gran conquista de la humanidad.

Capital y capitalistas, sin embargo, las ven con desagrado. Y suelen oponerse a ellas. ¿Cómo? Pues aumentando la edad de jubilación y reduciendo al máximo el número y monto de las pensiones.
Por ello cabe saludar la decisión del Presidente López Obrador de reducir de 65 a 60 años la edad de jubilación y, al mismo tiempo, aumentar significativamente el número de los pensionados y el monto de las pensiones. Un acto de justicia y humanidad que celebran ya millones de trabajadores.

Frente a estos hechos y esta sensación social y popular de poco valdrán las censuras y las descalificaciones de la derecha y del conservadurismo. Como es obvio, el pueblo sabe reconocer aquello que lo beneficia.

La justiciera medida obradorista no sólo beneficia y tranquiliza a millones de ancianos y sus familiares. También beneficia y tranquiliza a millones de jóvenes que miraban con honda preocupación su futuro, lejano o cercano, sin posibilidad de jubilación o con una jubilación magra y tardía.

La decisión obradorista, desde luego, rendirá para Morena y para el Presidente enormes réditos electorales. De modo que la molestia y el desacuerdo de la derecha y el conservadurismo con la reforma obradorista a las pensiones tiene un motivo adicional: solidifica y acrecienta el respaldo popular, social y electoral del obradorismo.

www.economiaypoliticahoy.wordpress.com 
mentorferrer@gmail.com 

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