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jueves, 11 de junio de 2020

Sí es “tiempo de definiciones”: dictadura o democracia

Jesús Zambrano Grijalva
Twitter: @Jesus_ZambranoG

Pues el 2021 se adelantó y ya llegó. López Obrador aceleró y precipitó su advenimiento con dos declaraciones en los últimos días: una el pasado fin de semana en Minatitlán al aseverar que “ya es tiempo de definiciones; nada de medias tintas: o se está con la transformación o contra ella”, y la otra apenas este martes al asegurar en su “mañanera” que hay una conjura, un complot de toda la oposición para ganarle las elecciones en el  2021 y lograr la revocación de su mandato en en 2022, mediante la creación del “BOA” (Bloque Opositor Amplio), enlistando en él a grupos empresariales, partidos políticos, gobernadores, autoridades electorales, periódicos y periodistas, y académicos e intelectuales.

Estas declaraciones se efectúan en un delicado momento de la vida del país  marcado por la pandemia sanitaria y el ahondamiento de la recesión económica que ha provocado el cierre de miles de empresas y llevado al desempleo y la falta de ingresos a más de 12 millones de personas y sus respectivas familias. La negativa del Presidente a tomar medidas de emergencia al respecto crispó los ánimos políticos y sociales y acentuó la desconfianza de los empresarios nacionales y extranjeros para invertir en el país.

Ahora, ante el agudizamiento de los problemas de inseguridad y la conformación de un importante  bloque de gobernadores que le exigen apoyos al gobierno federal para atender la emergencia, López Obrador reacciona “echando el caballo” encima a sus críticos y opositores.

En lugar de la necesaria unidad de todos los componentes de la pluralidad que caracteriza a la sociedad mexicana, la respuesta oficial es la división, la confrontación. Conmigo o contra mí. Defínanse: o son conservadores o son liberales. El país, según AMLO, es binario, es blanco o negro, es de buenos (los que están con él) y malos (los que no lo siguen o lo critican).

Me duele y apena decir que este lenguaje es propio de los dictadores, de los gobernantes que no admiten la crítica, la disidencia. Me duele porque jamás pensé que Andrés Manuel llegara a estos extremos. Y me duele y apena porque gente muy inteligente y viejos y queridos amigos míos creen ciegamente en estas decisiones obradoristas y que en ellas se juega “el presente y  futuro revolucionario” de México por el que muchos se jugaron y nos jugamos la vida, lo cual lamentablemente esta siendo una decepción.

En su lógica autoritaria del “conmigo o contra mí”, la dizque revelación mañanera del “BOA” es una verdadera provocación. Es un llamado a todos los fieles de la falsa 4T a lanzarse contra los empresarios, comunicadores, partidos, gobernadores e intelectuales librepensadores, que tienen una opinión diferente o que no se alinean con el “jefe supremo”, para acosarlos y meterles miedo, para  forzarlos a declarar que ellos no están en “ese bloque” y disuadirlos de buscar organizarse o consolidar un frente amplio de aquí a las elecciones del 21.

De esta manera el Presidente se mete indebidamente en el juego electoral del 2021, como Fox lo hizo contra él cuando impulsó el desafuero, y también con esta “jugada de ajedrez” AMLO tiene el propósito de cerrar filas en Morena y evitar que se constituya un frente opositor que le gane la mayoría en 2021 y, si eventualmente se plantea, que haya un plebiscito para la revocación de mandato en 2022.

Muy legales, legítimas y democráticas serían las futuras victorias de las oposiciones en las urnas. En una democracia ello es parte de la normalidad. Todo hace pensar que AMLO no lo ve así y, en contrasentido, avanza aceleradamente en su pretensión de imponer una dictadura. La mayoría ciudadana quiere la democracia. Elegir entre una y otra sí es esencial para el país. Es tiempo de definiciones.

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