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miércoles, 17 de junio de 2020

Enfoque Global / Protestas contra AMLO tenderán a fortalecer su proyecto

José Luis Ortiz Santillán

Las revoluciones, los cambios sociales, incluso las transformaciones graduales de la sociedad, se basan en las contradicciones que se generan dentro de ella. La oposición y sus protestas en México, sus posicionamientos en el Congreso y en los medios de comunicación, son la fuerza motriz indispensable para que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador pueda avanzar en la transformación de México; en la medida que sea capaz de interpretar su contenido y superar los obstáculos que le impondrán en el camino.

Habrá muchas protestas más contra el presidente, cuestionamientos a sus políticas y acusaciones de dictador, de comunista y populista ¿Quién dijo que la oposición a su proyecto de nación se quedaría inerte, sin cuestionar y maquinar nada contra él? Quienes piensan que la lucha de clases y el marxismo como instrumento de análisis social quedaron enterrados con la caída del muro de Berlín, la desaparición de la URSS y del bloque socialista, se han equivocado; precisamente, la lucha de clases es el motor de la historia, sin ella no habría cambios ni desarrollo; jamás lo viejo desaparecería para dar paso a lo nuevo.

Lo lamentable sería que el gobierno del presidente de México no interpretara correctamente el sentido de las protestas, vengan de donde vengan, y dejara de analizar su contenido, sus raíces, para tomar decisiones y enmendar el rumbo del camino recorrido. Suponer que todos los mexicanos están de acurdo con su gobierno, incluso que la mayoría lo apoya y no importan las protestas de la minoría, podría ser un error; pues minimizar la capacidad del enemigo y no prever sus acciones, podría traer consecuencias negativas para el gobierno del presidente.

Las recientes experiencias de los gobiernos de izquierda en América Latina y Grecia, pueden ser el mejor ejemplo para evitar minimizar lo que la derecha y la ultraderecha pueden hacer en México. La experiencia de Lula y Dilma Rousseffen Brasil, donde los corruptos terminaron gobernando, metiendo a la cárcel al expresidente brasileño y destituyendo a la presidenta Rousseffen; el caso del golpe de Estado “constitucional” al presidente Zelaya en Honduras; la destitución de Fernando Lugo en Paraguay; la persecución del expresidente Rafael Correa en Ecuador; la persecución política contra la expresidenta de Argentina, Cristina Fernández; el golpe de Estado en Bolivia contra el presidente constitucional Evo Morales, son sólo algunos ejemplos de lo que es capaz de hacer la derecha en América Latina. Amén de la experiencia en Grecia de Alexis Tsipras y su movimiento de izquierda radical, SYRIZA, de cuya experiencia esperábamos la renovación de la izquierda en medio de una profunda crisis del capitalismo en ese país.

Quedan las experiencias frustrantes de Venezuela y Nicaragua, de lo que no hay que hacer, donde las ambiciones de poder de sus dirigentes han terminado por abortas sus movimientos revolucionarios y democráticos, llevando a las mazmorras a los que hicieron la revolución en 1979 en Nicaragua y en Venezuela, propiciando la diáspora de miles de venezolanos que apoyaron en sus inicios la gesta libertaria del comandante Hugo Chávez.

Seguramente los mexicanos seguiremos viendo desfilar estas modernas manifestaciones de autos elegantes en todas las ciudades en el futuro, pero en contra parte, una vez superada la emergencia sanitaria por la pandemia del COVID-19, los movimientos sociales que llevaron al presidente Andrés Manuel López Obrador, deberán tomar las calles para mostrar su fuerza y el apoyo a su presidente; los obreros, los campesinos, los empleados y estudiantes; sí el presidente ha cumplido con sus expectativas y promesas de campaña, deberán mostrar a la oposición que lo cuestiona que, en efecto, no está sólo y gobierna para ellos.

Es probable que algunos dirigentes de MORENA, algunos miembros del gabinete del presidente López Obrador, hayan encontrado ya su espacio de confort y les importe poco lo que sucede en las calles y en los medios; es posible que, incluso, pretendan obtener las dadivas del pasado en esos puestos, las comodidades, las recompensas, su proyección política nacional e internacional; pero entonces, le corresponde al presidente depurar su gabinete y desechar a quienes obstruyen y desprestigian su gobierno.

Hay que considerar que, no todos los que hoy dirigen los rumbos del Estado dentro del gobierno del presidente López Obrador, están de acuerdo con su gobierno y sus políticas; incluso puede ser que estén sustrayendo información para la oposición o poniendo zancadillas a los secretarios y subsecretarios, exhibiéndolos frente a la clase política nacional y los ciudadanos; pero es ahí donde quienes dirigen las instituciones deben tener la capacidad para discernir con quienes cuentan y con quienes no, para depurar sus filas y construir equipos sólidos de trabajo que les permitan cumplir con los reclamos de la sociedad y con las expectativas depositadas en el gobierno en las elecciones de 2018.

Las manifestaciones de la oposición en sus autos, podría significar más una muestra de su poder económico y de la clase que representan. Sin embargo, por qué minimizar sus fuerzas y por qué no enfrentarla; la lucha de clases nunca se ha podido evitar dentro del desarrollo de la sociedad en el mundo; precisamente, es la lucha de clases lo que condujo al presidente al poder, una vez que las relaciones de producción en México entraron en contradicción con el nivel alcanzado de las fuerzas productivas, las que exigían nuevas relaciones de producción para poder desarrollarse; entonces, le compete al presidente establecer nuevas leyes, nuevas normas, nuevas regulaciones, que permitan la modificación de esas viejas relaciones de producción, a fin de que las fuerzas productivas puedan desarrollarse y propiciar el crecimiento de la economía; lo cual no atenta contra los empresarios y la propiedad privada; pues al eliminar la corrupción, los abusos de poder, el tráfico de influencias y la simulación, se están creando las condiciones para ello.

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