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sábado, 2 de mayo de 2020

México: hacia una salida del COVID-19 de la mano de Susana Distancia (III de III)

Fabián Medina
Jefe de Oficina del Canciller
@gfabianmedina

"Esto también pasará". 
Rumi

Cuatro días después del primer caso en América Latina, México confirmó un contagio de COVID-19 el 28 de febrero de 2020. A partir de entonces, el país entró en la fase 1, caracterizada por la importación de casos del extranjero. Ante esta nueva amenaza, el Gobierno federal comenzó a instrumentar la estrategia básica para mitigar su propagación: detección, aislamiento y estudio de contactos. Asimismo, se concentró en promover la prevención y educación sobre el virus: síntomas, formas de transmisión, población en mayor riesgo, tasas de contagio y mortalidad, y situación internacional; y recomendó inmediatamente medidas sanitarias para la población: lavarse las manos, cubrirse al estornudar y permanecer en casa, en caso de sentirse enfermo.

La fase 2 comenzó el 24 de marzo, conforme a las previsiones efectuadas. En ella se esperaba la transmisión comunitaria del virus y ya no por retornos del extranjero. Enseguida, el Gobierno federal puso en marcha la Jornada Nacional de Sana Distancia –con la exitosa estrategia de comunicación mediante la heroína Susana Distancia; y  suspendió actividades no esenciales en los tres niveles de gobierno, así como en el sector privado.

La fase 3 empezó el 21 de abril, al preverse una amplia propagación entre la población, como resultado natural del contagio exponencial del virus, que inicia su contagio 6 días después de portarlo. Así, el Gobierno federal extendió la suspensión de actividades no esenciales hasta el 30 de mayo y el Banco de México dispuso  créditos a bancos, apoyos a hogares y a pymes, así como blindajes al manejo de deuda y sistema cambiario. Para el 23 de abril difundió protocolos sanitarios al entrar y salir de casa, y lanzó el chatbot de Susana Distancia para responder instantáneamente a la población desde WhatsApp.

De especial relevancia fue el acuerdo Todos Juntos contra el COVID-19 el mismo 23 de abril. Esta iniciativa permitirá a los derechohabientes del IMSS e ISSSTE ser atendidos en hospitales privados con la misma tarifa, la cual cubrirá el Gobierno federal en enfermedades no transmisibles (embarazos y partos ;  así como urgencias abdominales; y endoscopías). Con ello, el Estado asume la atención prioritaria del COVID-19 en sus instalaciones  con los sectores de Marina y Defensa Nacional, así como con los hospitales privados adecuados para atender la pandemia.

La respuesta de la ciudadanía a esta cuarta semana de aislamiento ha sido importante,  con amplios gestos de generosidad y solidaridad. Pero aún se requiere de la acción decisiva de todos para reducir al mínimo los riesgos de contagio. La trayectoria de cada etapa ha sido muy clara: de 5 fallecimientos al concluir la primera etapa el 24 de marzo, se pasó a 857 decesos al concluir la segunda el 21 de abril –con un promedio de 30 muertes diarias en este espacio de 28 días. Sin embargo, dado que en 24 horas, el 22 de abril, se registraron 117 nuevos fallecimientos, el día 23, otros 95 decesos, y el 24 se sumaron 152 nuevas muertes, se vuelve urgente reforzar el distanciamiento social que ha sido sustantivo en todos los casos de éxito.

Escenarios de un mundo post-COVID-19

En cuanto concluya la fase más crítica de esta pandemia, habrá sin duda una reconfiguración del sistema internacional. Desde el repunte del liderazgo de China al frente de un nuevo Sur, que tendrá impactos tanto económicos como políticos a partir del repliegue actual de Estados Unidos, hasta un multilateralismo desgastado –que reciba cada vez menos aportaciones de esta otrora potencia económica de la posguerra fría– pero que seguirá siendo pilar de los que menos tienen; en un contexto de crisis energética mundial por el derrumbe de los precios del petróleo y lejanas proyecciones de recuperación, que ya ha afectado las finanzas públicas de diversos países productores; y de eventual recuperación medioambiental, favorecida por una inmovilidad global forzada.

En este mundo de enorme interdependencia entre unos y otros, personas y países, las tecnologías de la información se han vuelto esenciales, aun cuando 3,600 millones de personas en el mundo (50% del total) no tienen internet. Ciertamente, el uso de ellas ha sido decisivo en países exitosos como  China, Noruega e Israel. Sus ciudadanos emiten desde sus celulares información sobre su salud, conocen patrones de la infección, obtienen recomendaciones sanitarias en tiempo real, y recurren al comercio electrónico.

En el caso de México, la creatividad y la innovación en el contexto de la pandemia han permitido que sean más rápidos los avances científicos. Un ejemplo es que ya se cuenta con la secuencia genómica del coronavirus y su adaptación a la genética del mexicano; se usa la inteligencia artificial  para responder dudas de la población mediante asistentes virtuales, o para hacer la trazabilidad de zonas con mayor contagio por medio de apps; y se analizan tendencias por científicos de datos. En tanto, el sector educativo y productivo han encontrado en las  plataformas para videollamadas una manera de continuar con la educación en casi todos los niveles, y hacer posible el trabajo desde casa.

No obstante, las redes sociales con su inmediata accesibilidad y enorme cantidad de información –real o falsa– promueven que cada persona se comunique a una audiencia y construya su propia narrativa, y seguidores. Por ello, desde la SRE es nuestro deber compartir una cosmovisión con la realidad que está aconteciendo en el mundo y el lugar que México tiene en ella, desde una perspectiva que refuerce en última instancia nuestro ejercicio democrático. Lo anterior, con base en el derecho de todos a estar debidamente informados, pero también en el compromiso de todos de generar un mayor bienestar incluyente, hoy, a cargo de quienes realizan las tareas esenciales, en especial, de nuestro sector salud.

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