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miércoles, 19 de febrero de 2020

La Hidra Digital / Horror, mujer y muerte

Margarita Jiménez Urraca
margaritajimenez20@gmail.com
@MargaJimenez4

El inaudito asesinato de la niña Fátima Cecilia de 7 años y el brutal homicidio de Ingrid Escamilla, ocurrido a manos de su pareja, estimuló el movimiento de protesta de las mujeres. Las expresiones de indignación son cada día más y más virulentas. Se trata de una nueva revolución: la de las mujeres.

Hoy día ser mujer es peligroso. 10 mujeres son asesinadas al día en México, 3 mil 650 al año. De enero de 2015 a junio de 2019 se registró la muerte de 14 mil 153 mujeres por causa violenta, de las cuales, al 30 por ciento les quitaron la vida dentro de su hogar.

La ira despertada por los feminicidios cometidos, cada vez con más saña, en mujeres de todo el mundo y de toda condición han inundado las calles con marchas y pintas de protestas de mujeres, páginas de periódicos, noticieros de radio y televisión y, desde luego, las redes sociales. Pero el horror también ha llenado los anfiteatros, las funerarias, las tumbas y los hogares con luto y dolor.

Los feminicidios y el acoso sexual, así como la violencia al interior de las familias sigue creciendo en nuestro país. Inaudito, criminal, animal: la barbarie sentada a la mesa familiar.

Y, en el Estado de México, la violencia familiar se incrementó un 16.50 por ciento. El abuso sexual, 49.49. La violencia de género en todas sus modalidades, distinta de la violencia familiar se incrementó en 4.495 por ciento. La violación simple un 36.13. La violación equiparada el 38.70 por ciento. El acoso sexual creció un 129. 60 por ciento. El feminicidio creció el 13.51 y el acoso sexual, el 53.13.

Las iracundas manifestaciones de mujeres movidas por esta barbarie se han dado en más de 20 ciudades, donde las mujeres se han expresado de todas las maneras posibles. Entre más crece el movimiento de la ira, más crece el número de feminicidios –no deja de llamar la atención–. Al mismo tiempo, surgen más y más liderazgos de mujeres luchando porque la locura acabe, ante la negligencia de las autoridades en este sentido. Esta realidad nos lleva a preguntarnos si en el hacer político de nuestro tiempo no tiene cabida el castigo a los crímenes cometidos contra niñas, niños y mujeres.

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