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lunes, 6 de enero de 2020

Concatenaciones / Tambores de guerra

Fernando Irala

El inicio de 2020 fue momento que Donald Trump consideró propicio para ordenar el ataque que en Bagdad eliminó a un alto jefe militar iraní y a sus acompañantes.

Las reacciones de ira de los gobernantes de Irán no se han hecho esperar, y en el mundo hay quienes temen que de la escalada de amenazas mutuas se pase a las acciones bélicas.

Para algunos, incluso, estos hechos pueden conducir a una tercera guerra mundial, aunque no está claro que las grandes potencias del planeta vayan a comportarse con la misma agresividad mostrada en Washington y Teherán.

Además de las cuestionables razones esgrimidas por el presidente norteamericano para iniciar su peligrosa estrategia, puede advertirse un malévolo cálculo político.

Es un año en que Trump se juega la reelección sin tenerlas todas consigo, pues para empezar está en espera del inicio del juicio político en su contra, aprobado el fin del año pasado en la Cámara de Representantes.

El ataque mortal de Bagdad puede efectivamente desencadenar un conflicto bélico, o al menos un escenario de crispación, que necesariamente influirá en los pensamientos, y sobre todo en los sentimientos, de los votantes.

La guerra siempre exacerba las pasiones patrióticas. A veces simples roces entre naciones genera reacciones de quienes se envuelven en su bandera y consideran ineludible deber ciudadano apoyar a su gobernante, por malo o equivocado que esté.

Trump estaría jugando a la guerra para ganar apoyo popular y garantizar su reelección.

El problema es que en esos juegos pirotécnicos todo puede descontrolarse y efectivamente llevar a una conflagración de mayores dimensiones.

Por lo pronto los mercados lo resienten, y el resultado inmediato ha sido la subida internacional de los precios del petróleo, habida cuenta de que Irán es uno de los grandes productores del mundo. Pero si además el conflicto se extiende por la región árabe, el efecto se dispararía mucho más, con efectos catastróficos sobre las economías occidentales.

En México no estaríamos a salvo. De ello hablaremos más adelante.

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