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viernes, 27 de diciembre de 2019

Enfoque Global / México frente a la provocación de los golpistas bolivianos

José Luis Ortiz Santillán

En Bolivia, el gobierno de facto de Jeanine Áñez Chávez, una presentadora de televisión convertida en senadora y ahora en presidenta, pretende que el gobierno de México colabore con los golpistas y entregue a los bolivianos asilados en su sede diplomática en La Paz. Al interior de la embajada de México en Bolivia, se encuentran, entre otros miembros del gobierno de Evo Morales, el que fuera su ministro de la presidencia, Juan Ramón Quintana; el titular de la Agencia de Tecnología, Nicolás Laguna, acusado de manipular los sistemas en las elecciones pasadas para provocar un fraude; el ministro de Justicia, Héctor Arce; la ministra de Cultura y Turismo, Wilma Alanoca; así como el ministro de defensa Javier Zavaleta;  entre una treintena de asilados; todos ellos acusados de corrupción ahora por el gobierno golpista.

El ahora el gobierno de Áñez, ha justificado el operativo policiaco alrededor de la embajada y residencia oficial de la misión diplomática mexicana en La Paz, diciendo que se trata de garantizar la seguridad de la embajada y de ejecutar requerimientos judiciales en contra de exministros y exservidores públicos del gobierno de Evo Morales; acusando a los diplomáticos mexicanos y a las autoridades de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de mentirosos y de no cooperar, de mentir al acusar a su gobierno de violar los tratados internacionales.

El Canciller mexicano ha señalado justamente que, “ni en los peores momentos de los golpes militares de los años setenta y ochenta se puso en riesgo la integridad de estas instalaciones”, haciendo referencia a los peores momentos de los golpes de Estado en Bolivia, pero también durante los golpes de Estado y las dictaduras militares en América Latina, donde en Chile en 1973, nadie tuvo la osadía de pretender violar la inmunidad diplomática de las sedes de las embajadas y residencias oficiales de México en los diferentes países; sin embargo, los nuevos aprendices de gorilas fascistas en Bolivia no sólo pretender hacerlo sino que, desafían a la diplomacia mexicana.

Quizá envalentonados por el apoyo del presiente de los Estados Unidos Donald Trump, y de Brasil, Jair Messias, el gobierno de facto de Bolivia y sus funcionarios se manifiestan de manera retadora contra el gobierno mexicano y quizá hagan lo mismo contra el argentino. Ante las denuncias presentadas por la diplomacia mexicana en los organismos multilaterales, el ahora ministro de gobierno de la presidenta de facto, Jeanine Áñez, Arturo Murillo, ha afirmado que demostrará en ellos quiénes han violado los tratados, acusando a México de hacerlo por dar asilo al expresidente Evo Morales.

Está claro lo que sucederá en Bolivia en los próximos meses. El gobierno golpista de Jeanine Áñez pretende hacerse con el poder, legalmente, en las próximas elecciones y llevar a los tribunales a Evo Morales y todos los ministros de su gobierno que puedan convertirse en un problema que cuestione o puede derribar el gobierno que surja de la componenda entre militares, policías y políticos de la “Media Luna”, zona que en 2008 amenazara con declarar su independencia a oponerse al gobierno de Evo Morales.

Aunque el tiempo ha pasado y los países de América Latina han avanzado en a construcción de la democracia, México debe sostener una política más radical que marque su retorno en América Latina y su liderazgo, más que las denuncias internacionales. Durante el golpe de Estado en Chile en 1973, nuestro país dio asilo a en la embajada de México en ese país a más de 300 personas y trasladó desde ahí a nuestro país a más de 756 personas, pese a que los militares chilenos cortaron el agua y la electricidad; posteriormente, meses después, en 1974 rompió relaciones diplomáticas con el gobierno de Pinochet, las que sólo se restablecerían hasta 1990 ¿Cuánto valdrá seguir manteniendo relaciones con un gobierno golpista, el cual amenaza con hacerse con el poder en contra de la voluntad de la inmensa mayoría del pueblo boliviano?

El aislamiento diplomático y comercial, por parte de los gobiernos democráticos de América Latina, deberá ser la respuesta contundente contra los militares bolivianos y sus títeres. Los gobiernos democráticos de América Latina y el mundo deberán mostrar su brazo duro contra los militares bolivianos, para indicarles que no hay más cabida a sus componendas y golpes, para cerrar filas al fascismo y asegurar que la democracia siga perfeccionándose en los países latinoamericanos; lo cual pasa por poner fin a las ambiciones de muchos políticos de perpetuarse en el poder y, sí, garantizar la alternancia en el poder como expresión de la pluralidad democrática.

Esta es la hora de México en América Latina, la de la vuelta de la diplomacia mexicana que le dio tanto prestigio a nuestro país en el pasado; el momento de retomar el liderazgo como en los conflictos de Nicaragua y Guatemala en los ochentas. Sin embargo, para ello se requiere mayor firmeza y beligerancia; por lo cual, aislar al gobierno golpista de Jeanine Áñez, debería ser una estrategia para fortalecer la democracia en América Latina y cerrarle el paso al fascino, al racismo y de discriminación de la mayoría de indígenas que forman el pueblo de Bolivia, enfrentado a una minoría de blancos y mestizos que se oponen a que el gobierno sea ejercido por los descendientes de los pueblos originarios; reviviendo la historia de Benito Juárez en México.

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