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lunes, 16 de diciembre de 2019

Dobleces / Aliado quejoso

Israel Mendoza Pérez
@imendozape

La corta memoria de los dirigentes del Partido del Trabajo (PT) los hace caer en el reproche entredientes a las decisiones de Andrés Manuel López Obrador; sin embargo, olvidan las maniobras políticas de Alberto Anaya Gutiérrez para mantener su lugar en el escenario político. Aunque en algún momento hayan trabajado de la mano con uno de los rivales históricos de López Obrador.

A 29 años de sus existencia, el PT reclama un lugar más activo en la llamada Cuarta Transformación, aunque su pasado les pasa una factura difícil de superar. De pronto, el coordinador de los diputados del Partido del Trabajo, Reginaldo Sandoval, se dio cuenta que el PT no tiene una cercanía sólida con el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. “A nosotros ni nos ven ni nos oyen”.

Y es que de acuerdo con una solictiud de información de la agenda pública de Alberto Anaya, de enero a mayo de 2019 no se tuvo ninguna reunión de ningún carácter por parte del integrante de la Comisión Coordinadora Nacional del PT con el Presidente de México.

Si este alejamiento, en los primeros meses de arranque de la 4T no significan nada para el diputado Sandoval es señal clara de que Alberto Anaya no pasa por el mejor momento en la relación con Andrés Manuel López Obrador.

Reginaldo Sandoval revela: “cuando hemos ido a Palacio Nacional solo él (López Obrador) habla y no nos da chanza a los demás de que expresemos inquietudes, hagamos preguntas, dudas o felicitaciones, halagos; no es circular, no hay retroalimentación y creo que hace falta para que podamos hacer mejor papel él y nosotros en la ruta de la 4T”.

En este momento, no hay espacio para los “aliados”. Eses es el mensaje a los petistas. Hace 19 años, el PT fue relegado por el desaparecido Partido de Centro Democrático, tras la declinación de Marcelo Ebrard al gobierno de la Ciudad de México. Los petistas tenían la seguridad de que contaban con la estructura y los perfiles para tener al menos dos apirantes a alguna demarcación en la ciudad; sin embargo, López Obrador les pidió que cedieran espacios y aceptaron a regañadientes. Y es fecha que no ocupan un lugar relevante en el gabinete Presidencial.

En los comicios intermedios de 2003, el PT se lanzó a ir en solitario por diversos cargos en la ciudad y corrió el riesgo de perder todo. Su salvación después de su fracaso electoral fue sucumbir ante los brazos de Roberto Madrazo, entonces dirigente del PRI y acérrimo enemigo de López Obrador. Si esto no es suficiente para marcar una distancia o recordarles que no son los más “cercanos” es suficiente para volver los sótanos de la política a los que acostrumbra refugiarse Anaya Gutérrez cuando sabe que no es su momento de figurar. Su presencia trae más alejamientos que simpatías y entrar a las grandes ligas de la 4T se ven lejanas.

El diputado Sandoval lamentó el mal trato que se les da a los del Partido del Trabajo, incluso de algunas dependencias gubernamentales donde no se les ha querido dar audiencias. Esa es la tragedia por la que atraviesa el partido. Pero otra prueba de esa “distancia” se marcó desde el 19 de febrero de 2018 cuando, López Obrador fue postulado como candidato a la Presidencia de la Republica por el PT. En su discurso sólo hubo una mención para Alberto Anaya.

La preocupación del fundador del partido es sobrevivir a la regla del tres por ciento de la votación y mantener las millonarias prerrogativas para 2021. Su proyecto político es lo que desea salvar, por ello accede a las ocurrencias legislativas de Morena, luego vendrá otra maniobra de Anaya Gutiérrez para recuperar los afectos de López Obrador, aunque eso no le garantiza que se mantenga vigente.

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