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sábado, 9 de noviembre de 2019

Economía y Política / Realidad mata propaganda

Miguel Ángel Ferrer

En la dura batalla política que libra el Presidente López Obrador contra instituciones, personeros y ex beneficiarios del régimen neoliberal vencido en las elecciones del 1 de julio de 2018, la Cuarta Transformación acaba de anotarse una nueva victoria al arrebatarle al pripanismo el largo dominio de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

Esta institución, creada por Carlos Salinas, era hasta ayer uno más de los sólidos miembros de la lista de enemigos del obradorismo. Un baluarte del pripanismo en la encomienda, expresada nítidamente por Vicente Fox, de “darle en la madre a la Cuarta Transformación”.

Es cierto que la CNDH no servía para nada. Que era un ente simulador, oneroso y desprestigiado al máximo. Pero desde la llegada de López Obrador a Palacio Nacional, la tal Comisión asumió ahora sí activa y belicosamente un nuevo papel: censurar, descalificar y sabotear todas y cada una de las medidas y políticas del obradorismo enderezadas a desmontar las bases del régimen neoliberal tripulado por los neoliberales.

De ser una institución inocua, perezosa, corrupta, muy costosa y obediente a los dictados del viejo poder, pasó a convertirse en una crítica acérrima del nuevo. Y aunque igualmente es cierto que sus ataques eran insustanciales, también es verdad que en la guerra mediática contra el obradorismo era muy útil y funcional.

Por eso es muy positiva la salida de la CNDH de la lista de enemigos de la Cuarta Transformación. Se trata de un hecho político real, no puramente mediático o propagandístico. Ello contrasta con los saldos de la campaña antiobradorista, que sólo tiene, y siempre por muy poco tiempo, logros de impacto mediático.

En el lenguaje popular a esta actitud de la derecha mexicana se le llama quemar la pólvora en infiernitos. O también mucho ruido y pocas nueces. En el campo de la realidad, la Cuarta Transformación avanza todos los días, aunque la guerra mediática pretenda infructuosamente oscurecer o velar esa realidad.

Parece que los neoliberales se están conformando con desempeñar el papel de cuchillito de palo, que molesta pero no hiere y menos mata. O de simple piedrita en el zapato que incomoda pero no evita la marcha y el avance.

Esta conducta de los neoliberales desplazados del poder por el muy mayoritario voto ciudadano podría explicarse si obtuvieran algún resultado en disminuirle apoyo popular y social a López Obrador. Pero ese resultado no se ve por ninguna parte.

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