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lunes, 18 de noviembre de 2019

Concatenaciones / La polémica por Evo

Fernando Irala

En un país, el nuestro, con una histórica tradición de respeto y observancia del derecho de asilo, la llegada del expresidente boliviano Evo Morales, acogido a esa condición, ha generado una inusitada polémica.

Probablemente desde el fugaz refugio del último Sha de Irán, Mohammed Reza Pahlevi en 1979, el arribo de un asilado no causaba tantas protestas.

Era otro mundo y otras circunstancias, otro tiempo, otro siglo.

Ahora, el planeta es muy distinto, pero hay razones para el súbito cambio.

La primera es la polarización que vive el país, la cual se ha ahondado en el transcurso del actual régimen, pues éste en vez de promover la reconciliación nacional ha atizado la división y el enfrentamiento.

Otra causa es la personalidad del ahora asilado, un hombre de claroscuros, a quien se le reconocen innegables méritos, pero que se obnubiló por su enamoramiento del poder. En un país cuya Constitución prohibía la reelección, Evo se las ingenió para permanecer casi tres lustros en el mando, y habría completado las dos décadas, de no sucumbir a la pinza formada por la inconformidad creciente de la población y la presión militar.

Otro factor es el contraste, simbólico y grosero, entre el trato que el actual gobierno da a los migrantes que entran por el sur de México con la ilusión de llegar a territorio norteamericano. A ellos se les cerca, se les limita su movilidad y se les acotan sus derechos, mientras por Evo se desplazó un avión militar, se le asignaron vehículos y escoltas como los que se les han quitado a los expresidentes mexicanos, y se le abruma con distinciones y homenajes.

La parte más asustada de la sociedad mexicana --los conservadores, diría ya saben quien-- mira en Evo y en su gobierno defenestrado, una premonición de lo que no quiere para nuestra nación.

En cambio, los más entusiasmados, como la señora Sheinbaum, nuestra jefa de Gobierno, pareciera que ven a Dios en la tierra.

Pero la verdad casi siempre se encuentra a la mitad entre los extremos. Y México dista mucho de ser Bolivia.

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