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lunes, 8 de julio de 2019

Economía y Política / El motín reveló tres cosas

Miguel Ángel Ferrer

En menos de 72 horas empezó a desinflarse el motín protagonizado por algunos (pocos o muchos) miembros de la Policía Federal. Y si bien no hay sinonimia perfecta entre motín, insurrección, sublevación, levantamiento en armas y golpe de Estado, es indudable que tales vocablos mantienen una notoria semejanza semántica.

Todos ellos representan la idea de la toma del poder por medio de la violencia. O, dicho de modo más crudo, el derrocamiento del gobierno legítimamente constituido. Podría decirse que a esas voces las vincula una especie de gradualidad que va de menos a más. Un motín cuartelario puede ser la señal para un movimiento insurreccional de mayores proporciones geográficas o políticas.

Pero el amotinamiento puede servir también para evaluar las posibilidades de éxito de un movimiento mayor. Una especie de globo sonda para prefigurar o conocer las posibles reacciones de apoyo o rechazo de los diversos grupos o de las distintas clases sociales. Y también, naturalmente, para calcular el eventual respaldo de otras guarniciones castrenses o de otros cuerpos de las fuerzas armadas.

En cualquiera de las anteriores posibilidades o planes es claro que el amotinamiento protagonizado por agentes de la Policía Federal reveló la total ausencia de condiciones objetivas y subjetivas para el éxito en el propósito de derrocar al gobierno del presidente López Obrador.

Que esas condiciones no existan hoy no significa, sin embargo, que no puedan existir mañana. Esta fallida intentona no va a conducir a la derecha y al conservadorismo a la resignación. Están trabajando y continuarán trabajando para crearlas.

Ese es el fin último de las permanentes campañas mediáticas de calumnias, guerra sucia y propaganda negra contra el gobierno de López Obrador. Se trata de ir creando el clima social para que en un determinado momento prendan en el ánimo de la sociedad las consignas golpistas.

Ciertamente el motín se dio en un cuerpo armado altamente desprestigiado, signado por las más nefandas prácticas de la corrupción, la perversidad y el crimen, lo que sin duda contribuyó al fracaso de esta primera intentona golpista. Este símil de tanquetazo chileno o tejerazo hispano.

De todos modos la sublevación policiaca mostró indirectamente tres cosas: la   indisposición del ejército y la marina para aventuras golpistas, la pertinencia de la creación de la Guardia Nacional y la necesidad imperiosa de extinguir a la Policía Federal.

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