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Tuesday, June 11, 2019

El arte del (auto) engaño

Fernando Hernández Marquina

Estrategia mediática, crisis inventada, reality show… Los usuarios de Twitter en Estados Unidos que se oponen a Donald Trump no dan fe de las palabras de su presidente. Para ellos, lo que la comunicación oficial llama “crisis migratoria” es una exageración con tintes políticos y electorales, y las negociaciones con México les suenan a una simulación pactada entre ambas naciones.

Hablo de los usuarios de Twitter porque, una vez más, la arena digital fue usada como escenario para el despliegue de las amenazas políticas y económicas con las que Trump hostiga al mundo; una estrategia que, al parecer, no se desgasta y todavía le rinde importantes frutos. Los discursos del miedo, de la xenofobia, del nacionalismo, siguen vigentes entre los seguidores del presidente estadounidense, y servirán de combustible para quienes decidan ir a las urnas en noviembre del 2020 a ratificar lo que votaron en 2016.

Tenemos frente a nosotros diecisiete largos meses en los que sobrarán pretextos para amenazar con cierres fronterizos, militarización de la frontera común entre México y Estados Unidos, guerras comerciales y cualquier otra táctica que aumente la popularidad presidencial antes de las elecciones. Todo esto será posible -quedó claro con la respuesta a la reciente amenaza de los aranceles- con la venia del gobierno mexicano.

Como vecino de Donald Trump, nuestro país pelea en desventaja frente a la mayor economía del mundo, y la nueva política nacional no ayuda a fortalecer nuestra posición. Las recientes negociaciones del equipo mexicano, encabezado por Marcelo Ebrard, obligaron a un golpe de timón en la política exterior mexicana, que hoy se ve obligada a frenar en definitiva el flujo de migrantes para cumplir con los acuerdos firmados con el gobierno estadounidense.

Los términos de la negociación siguen en su mayoría en secreto, según reiteró Trump en un reciente tuit. Eso sí, mientras en México el gobierno federal celebraba la “hermandad” con Estados Unidos, el presidente del país vecino, con su usual bravuconería, aseguraba que “siempre podrían volver al esquema de los aranceles” pues es “demasiado provechoso” para su país.

Tanto Trump como López Obrador usaron a los medios para posicionar sus propios mensajes y discursos. El primero reconfortó a sus adeptos al asegurar que México “acordó comprar inmediatamente grandes cantidades de productos agrícolas” estadounidenses, generando el reconocimiento de uno de sus principales grupos de votantes.

El segundo apostó por desviar la atención con el festejo de una aparente victoria en un conflicto que se adjudicó por sí solo cuando abrió la frontera sur a las caravanas migrantes (a las que hoy intentará frenar con la Guardia Nacional, de la misma forma en la que Trump quiso frenar la migración a su país en 2018). Tristemente, para ambos pueblos, los gobiernos jugaron a la desinformación y al engaño. ¿O será que el engaño es a sí mismos?

El crecimiento de la economía en Estados Unidos se ha dado a un paso muy lento este año; las tasas de interés se mantienen altas y la guerra comercial con China sigue siendo la principal amenaza para los bolsillos de los estadounidenses. En México, contra todo pronóstico presidencial, el escenario no es mejor: Fitch Ratings redujo la calificación soberana de nuestro país, y Moody’s cambió nuestra calificación crediticia a una perspectiva negativa; a la par, analistas consultados por el Banco de México revisaron a la baja sus proyecciones sobre la economía nacional.

Me parece que todavía es temprano para aplaudir al cuerpo diplomático mexicano (que en la arena de la comedia sí rindió grandes frutos con el famoso “piensa, gracias” acuñado por Notimex, y las hazañas de #LordCacahuates). ¿Qué pasará cuando callen las campanas que hoy vuelan en ambas naciones? La resaca podría ser más fuerte de lo que ambos mandatarios quieren aceptar.

Mientras los presidentes de ambas naciones juegan al autoengaño, dejamos para nuestro Debate Puntual el seguimiento a la firma del TMEC, pendiente en ambos lados del Río Bravo. El tema migratorio también necesitará de paciencia, personal y presupuesto por parte del gobierno mexicano, y definitivamente no va a ser una ayuda inmediata para nuestra economía. En cuanto a la “corrupción tolerada” que mencionó AMLO en días recientes, incluso si fuera cierta su erradicación en tiempo récord, no apacigua las preocupaciones de inversionistas y calificadoras, que ven en la apuesta por la refinería en Dos Bocas y en el enfoque asistencialista -como prioridad por encima de la atracción de capitales- dos frenos importantes para alcanzar el prometido crecimiento de 4% sexenal.

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