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sábado, 4 de mayo de 2019

Enfoque Global / AMLO pierde posibilidad de hacer del PND un verdadero ejercicio democrático

José Luis Ortiz Santillán

Planificar es un ejercicio colectivo y el plan que surja de él, es un instrumento de dirección de la economía y, por tanto, para el desarrollo social. Este 30 de abril el presidente Andrés Manuel López Obrador presentó a la Cámara de Diputados el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024. El Artículo 26 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala que “El Estado organizará un sistema de planeación democrática del desarrollo nacional que imprima solidez, dinamismo, competitividad, permanencia y equidad al crecimiento de la economía para la independencia y la democratización política, social y cultural de la nación.”, para lo cual se dispone de una Ley de Planeación, mucho más explicita sobre lo que debe hacer el gobierno para impulsar el crecimiento económico y el desarrollo social del país, optimizando los recursos económicos.

En su momento, el nuevo gobierno de México señaló que el objetivo del Plan Nacional de Desarrollo, era buscar “establecer y orientar todo el trabajo que realizarán las y los servidores públicos los próximos seis años, para lograr el desarrollo del país y el bienestar de las y los mexicanos”; para ello, en sus ejes generales de planteó la necesidad de promover “la construcción de paz, el acercamiento del gobierno a la gente y el Fortalecimiento de las instituciones del Estado Mexicano”; así como “asegurar que toda la población tenga acceso a una vivienda digna,… garantizar protección social para personas que viven en situaciones de vulnerabilidad”.

En tanto que, sobre el desarrollo económico, se propuso “garantiza el uso eficiente y responsable de recursos y la generación de los bienes, servicios y capacidades humanas para crear una economía fuerte y próspera”; todo ello teniendo como base el principio de combatir la corrupción y mejorar la gestión pública, alineando las políticas públicas a eliminar la corrupción y garantizar la eficiencia de la administración pública.

Pero, pese a que se invitó a la población a participar en la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, a opinar sobre los principales problemas que enfrenta México, al final se volvió un ejercicio elitista y excluyente, el cual alejó a la población de la posibilidad de participar; mientras que el trabajo en las dependencias y entidades del gobierno se resumió, no en la identificación y discusión de los problemas que pudieron permitir construir un verdadero diagnóstico, sino en las búsqueda y recopilación en los discursos y declaraciones del presidente, de aquellos temas de incumbencia de cada una de ellas.

Como en otros sexenios, los buenos propósitos del nuevo gobierno, de hacer de la planeación un ejercicio participativo y democrático, se los comió la inercia del trabajo de los burócratas que realmente mueven la maquinaria del Estado. Al final, el “diagnóstico preliminar de los problemas públicos”, no pudo recoger los verdaderos problemas que afectan el desempeño de las instituciones y frenan el desarrollo de México, ni las preocupaciones de los “ciudadanos de abajo”, sino la visión de unos cuentos funcionarios iluminados que tuvieron en sus manos el proceso; en tanto que, la participación ciudadana, programada para los meses de abril y marzo, fue lo que ha sido en otros sexenios, reservada para grupos selectos de invitados, pero no para todos los ciudadanos.

Pese a todo, Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, plantea muchos de los problemas reales que los ciudadanos hemos cuestionado durante años y algunas de las soluciones que podemos compartir o no. La realidad de México hoy es que, hundidos en la violencia y la inseguridad, será imposible lograr los objetivos de crecimiento promedio sexenal del 4% y mejorar el bienestar de los mexicanos.

Recordemos como en la década de los 80’s, países latinoamericanos que estuvieron hundidos en la violencia llevaron al estancamiento a sus economías. Países como Argentina registraron una tasa de crecimiento promedio anual de -1.1% en esa década; El Salvador de -0.4%; Nicaragua de -1.4%; Perú de -1.2% y Guatemala apenas pudo crecer en 0.9%. Estos países solo después de la pacificación lograron hacer crecer sus economías; del 2000 al 2011, Argentina pudo crecer en 4.4%; El Salvador en 1.8%; Nicaragua en 3.2%; Perú en 5.4% y Guatemala en 3.1%.

De aquí la importancia de los ejes rectores del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024; sobre todo, de extirpar la inseguridad y la violencia en México, como condición indispensable para impulsar el crecimiento y el bienestar. Pero esto solo será posible a través de la participación de los ciudadanos en las decisiones del gobierno y no en su exclusión o en ejercicios de simulación sobre la participación de la sociedad en el ejercicio de gobernar; pues si se margina a los ciudadanos del ejercicio del gobierno, se correrá el riesgo de no hacer de la democracia y la gobernabilidad democrática, el espacio predilecto de los ciudadanos, sino de empujarlos a violencia y a la frustración, creando las condiciones para el nacimiento del extremismo, de izquierda o derecha, en México.

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