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martes, 30 de abril de 2019

Muerte en el Metro: ignorancia, desinterés, desconfianza

Fernando Hernández Marquina

La semana pasada, los capitalinos seguimos con pesadez e impotencia la noticia de una mujer que falleció después de permanecer alrededor de 26 horas al exterior de la estación Tacubaya del Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México.

El lamentable caso ocurrió en febrero, sin embargo, un reportaje del Reforma le dio seguimiento al hecho y descubrió lo que podría calificarse como una serie de malas decisiones, falta de protocolos o ignorancia de los mismos, desinterés institucional y desconfianza ciudadana.

Me impactó que un caso como éste pasara desapercibido durante más de dos meses y que, sólo después de que se expuso de manera masiva, obtuvimos declaraciones oficiales de la Jefa de Gobierno, del titular de la SSPC y de la directora del Metro, mostrando lo que parece un alarmante desinterés por la vida de los habitantes de esta ciudad.

A las 07:15 del sábado 16 de febrero, la señora María Guadalupe Fuentes Arias, víctima de esta cadena de errores y omisiones, sufrió un desmayo dentro de la mencionada estación Tacubaya. Elementos de la Policía Bancaria e Industrial -usualmente asignados para el cuidado y vigilancia dentro de las instalaciones del STC- la llevaron a un cubículo de la jefatura de estación.

Ahí, se esperó hasta las 08:55 que hizo su aparición una unidad de Protección Civil de la alcaldía Miguel Hidalgo, misma que valoró a la señora Fuentes Arias y que diagnosticó que la paciente mostraba -según los paramédicos- signos de abuso de alcohol y uso de enervantes. Los encargados de brindar los primeros auxilios declinaron trasladarla a un centro de salud y sólo aplicaron suero.

Poco más de una hora después, con la mujer todavía inconsciente, los elementos policiacos procedieron a sacarla cargando de la estación y la abandonaron fuera de la misma. Ahí permaneció por alrededor de 26 horas, hasta que el domingo 17 fue trasladada a un hospital donde, desafortunadamente, falleció.

¡26 horas! Apenas puedo imaginar como una persona en estado de inconsciencia puede permanecer tanto tiempo en la calle, literalmente en el suelo, sin que ciudadanos o autoridades tomen acciones eficaces para ayudarla.

Un caso terrible y una pérdida humana innecesaria -una más en esta ciudad- que, además, quita el velo sobre aquello en lo que nos convertimos como sociedad. Los comerciantes y peatones que vieron a la víctima y que respondieron a los cuestionamientos de la prensa dijeron que se llamaron a ambulancias -no se puede confiar en dichos testimonios si en 26 horas no apareció una ambulancia para auxiliar a una paciente- y, además, aseguraron que nadie quiso intervenir porque no querían ser culpados de lo que le ocurría a la señora.

Autoridades y ciudadanos que no actúan son síntoma de una seria descomposición en el país. Los altos niveles de inseguridad y violencia han normalizado las muertes y las desapariciones, al tiempo que el alza de distintos delitos mantiene a la ciudadanía a la defensiva porque todo es una potencial trampa para ser estafado, robado o acusado de algo que no se ha cometido.

En ese escenario, se vuelve “normal” que haya un cuerpo tirado en la calle por horas. Tratar de ayudarlo puede ser perjudicial para todos los involucrados, o al menos así hemos aprendido a verlo.
Sin duda, este caso es una llamada de atención al gobierno de la ciudad y a las autoridades involucradas, pero la alarma más urgente debe ser para los ciudadanos. No podemos seguir fomentando el desinterés en el otro, ni la desconfianza que es muy comprensible pero que nos ha convertido en potenciales enemigos, por lo menos en el imaginario, muchas veces sin razones reales como base.

A veces, sumergidos en la cotidianidad, nos perdemos en debates políticos inertes, en peleas absurdas entre iguales. Queremos un gobierno y un país de primera, pero nuestro comportamiento como ciudadanos no se ajusta a nuestras expectativas. Queremos que todo cambie, pero no estamos dispuestos a dar los primeros pasos, ni el seguimiento necesario para asegurar que las cosas mejor para todos.

Nuestro Debate Puntual de esta semana debe centrarse en nuestro comportamiento dentro de la comunidad y de la sociedad. ¿Queremos cambios profundos? ¿Queremos un mejor gobierno?, ¿un mejor país? ¿Queremos mejores servicios?, ¿mejores servidores públicos? Como ciudadanía, ¿qué estamos haciendo para ganarnos el derecho a exigir todo eso?

No merecemos vivir en medio de la violencia normalizada ni con las consecuencias que eso trae a nuestras vidas diarias, incluidos el desinterés y la desconfianza en el prójimo. Al mismo tiempo, no podemos negar que hemos dejado crecer la polarización y la insensibilidad. Si nos apartamos de nuestro deber en la construcción del entramado social, no importa quién nos gobierne, ni sus capacidades para gobernar: seguiremos contando historias lamentables que podrían haberse evitado.

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