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jueves, 18 de abril de 2019

En las Nubes / Divino tesoro

Carlos Ravelo Galindo, afirma:

El Secretario General del respetado y respetable Club Primera Plana, licenciado  Virgilio Arias Ramírez, nos alecciona con nuevo verso llamado “Bienvenido el nuevo día”, que transcribimos íntegro, como nuestro amigo:

Estimado Mtro. Carlos, también modestamente se puede decir:

“Bienvenido el nuevo día,
cobijado por el sol,
y su soplo vuela por el cielo,
para escuchar el universo en sinfonía.

Bienvenida la noche misteriosa,
con su canto de silencio
embriagador y sereno,
que adormece los sentidos
con su perfume de incienso”.

Fraternalmente.

A su vez en vencedores del tiempo, su columna en Veracruz y el mundo, la escritora Rosa María Campos nos invita a leer lo que llama “Buena Actitud: divino tesoro”.

“Haz sólo lo que amas y serás feliz.
Dios te puso un ser humano a cargo y eres tú mismo.
A ti debes hacerte libre y feliz.
Después podrás compartir la vida verdadera con los demás.  Recuerda a Jesús: "Amarás al prójimo como a ti mismo".
Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios y decide ahora mismo ser feliz, porque la felicidad es una adquisición.

Además, la felicidad no es un derecho, sino un deber; porque si no eres feliz, estás amargando a toda tu familia, a todo el barrio.

Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo.

Tenemos para gozar  del frío y las flores de la primavera, el chocolate, la baguette francesa, de los tacos, el mar  de Las Mil y Una Noches,  la Divina Comedia , el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman; la música de Mahler, Mozart, Chopin, Beethoven; las pinturas de Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Picasso y Tamayo, entre infinitas maravillas”.

Doña Rosa María, añade un cuento, para seguir con  la buena actitud “divino tesoro”
(Estamos ciertos de que no hay alusión personal).

“Me  desperté una mañana. Me  miré al espejo... y noté que tenía solamente tres cabellos en la cabeza.  Caray, me dije,  hoy me voy a hacer una trenza... Así lo hice  y pase un día maravilloso.

Al día siguiente desperté me vi al espejo.  Y solamente tenía dos cabellos. 'Hmmm' Me peinaré de raya en medio... Así lo hice y pase un día grandioso.

Otra vez  desperté, corrí al espejo y me di cuenta que no me quedaba ni un solo cabello en la cabeza.

Guauuu: ¡Qué rico ya no tendré que peinarme!”.

craveloygalindo@gmail.com

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