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jueves, 28 de marzo de 2019

La Hidra Digital / El mensaje único

Margarita Jiménez Urraca
margaritajimenez20@gmail.com
@MargaJimenez4

En un sistema marcado por señalamientos de corrupción, impunidad y opacidad, quienes conforman el actual gobierno y emprenden las contrarreformas de las reformas hechas por el régimen anterior, la legalidad y viabilidad de lo que se hace mueven a la reflexión del actuar de la autoridad, la que con la herramienta peculiar de un modelo de difusión unilateral y vertical, menoscaba la posibilidad del diálogo, de la conversación pública: de una comunicación democrática.

Si percepción es realidad y la voz de la autoridad es sólo una, la que los medios y las redes sociales recogen, se convierten en mensajes que se viralizan en redes, noticieros y hasta en spotify, entonces, la realidad es que el programa de comunicación instrumentado es sólo uno, el de la conferencia mañanera, el posicionamiento uno, el del Presidente popular y benefactor, el espacio emblemático, el Palacio Nacional y el pódium y el micrófono, también uno.

El modelo no imaginado en tiempos de fragmentación de audiencias por los especialistas de la comunicación, de la televisión, de la radio, lo mismo que por los estrategas de las redes sociales o el WhatsApp es un éxito del que se nutren la fuente, los medios, las redes y los especialistas que no dan crédito.

Si el 92 por ciento de los mexicanos tienen T.V., la penetración de la radio similar, el 87 por ciento se comunica por wapp en su celular, en las redes sociales el 82 por ciento utiliza Facebook, 16 Twitter, 25 Instagram y habiendo 117 millones de suscriptores de Internet, las posibilidades de reproducción del diario mensaje de AMLO son extraordinarias.

Y cuidado, lo que difunde el Presidente López Obrador no son ocurrencias, sabe bien a que audiencias les está hablando, por qué medio y prevé la resonancia. Así las cosas, el impacto y penetración en los públicos favorecen que una verdad o una mentira de “la mañanera” repetida por tantos medios, tantas veces, se convierta en verdad, hasta que los hechos demuestren lo contrario, pero para entonces la percepción ya habrá jugado lo suyo.

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