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lunes, 11 de febrero de 2019

Enfoque Global / Qué se puede esperar de Trump

José Luis Ortiz Santillán

Hay un nuevo gobierno en México y una política exterior, la cual se trata de rescatar luego de tres décadas de la política de "Comes y te vas". Si bien se aspira a una relación de respeto con los Estados Unidos, nada ha cambiado en el discurso del presidente Donald Trump que nos permita aspirara a esa relación de buenos vecinos; sobre todo, porque su nueva campaña tiene como centro la construcción del muro fronterizo con México y el desprecio a nuestro país.

Se trata pués de una política exterior que había sido arrumbada, abandanada en un basurero de la historia nacional que el nuevo gobierno ha rescatado. La política exterior tradicional de México, durante décadas, se basó en la Doctrina Extrada de la no intervención en los asuntos internos de otros países, en el respeto a la soberanía nacional de otros países; en la máxima de Bénito Juáres de "Entre los pueblos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz..."; una política incomprendida en estos tiempos, sobre todo porque en los casos de Venezuela y Nicaragua, el nuevo México que emergió con las eleciones de julio pasado, no toma partido por sus gobiernos y sus políticas o por la oposición a ellos; no obstante, llama al dialogo de las partes para solucionara los conflictos.

Por otro lado, analizando el discursos del presidente Trump sobre el estado de la Unión, pese a la oposición demócrata en el Congreso, que se opone a desembolsar recursos para la construcción del muro en la frontera sur de los Estados Unidos, el presidente ha afirmado que de cualquier forma construirá su muro entre su país y México. Evidentemente, no hay acuerdo entre demócratas y republicanos sobre los temas de la inmigración ilegal y los mecanismos para frenarla, pero tampoco hay una consulta a México para sentarse a dialogar sibre ese tema.

Donald Trump, en su discurso sobre el estado de la Unión frente al Congreso, el martes pasado por la noche, se esforzó por invitar a sus oponentes a firmar un compromiso para no cerrar el gobierno y obt4ener fondos para su muro fronterizo, apelando a la historia y a la grandeza de los Estados Unidos, planteando que había llegado el momento de la acción de los dos partidos para hacer posible sus proyectos, a partir de una mayor colaboración para impulsar el comercio, reducir los precio de los medicamentos y construir la infraestructura que necesitan los estadounidenses, sin duda, su muro en la frontera con México entre esa infraestructura.

Creatividad no le falta al presidente Trump y seguramente tiene varias opciones en mente. No obstante, si hubiera declarado el estado de emergencia, habría podido obtener los recursos para su muro sin pasar por el Congreso; por lo que en esta ocasión parecía estar dispuesto a hacerlo, sin importar las consecuencias de su política, acusando a México de ser el responsable de la inmigración a su país de miles de centroamericanos; por supuesto, entre los inmigrantes no incluye los europeos, ni los asiáticos, africanos o árabes, sólo los latinoamericanos parecen ser indeseables para él.

El presidente Trump ha dicho que en el pasado, la mayoría de las personas presentes en la sala del  Congreso votaron por construir un muro fronterizo con México, pero el muro nunca fue construido; afirmando que ahora él lo construiría, al presentar sus argumentos para justificar que la inmigración ilegal es una amenaza para los estadounidenses y requiere construir una fortaleza para protegerlo.

Pero pese a su retórica, el presidente Trump se distancia cada vez más de los electores jóvenes y de los intelectuales. Con un lenguaje ofensivo ha tratado a Chuck Schumer, el líder de los demócratas en el Senado, calificándolo de “sucio hijo de puta”, quien afirmó que, únicamente durante su discurso sobre el estado de la Unión, el presidente Trump tiene un impulso repentino de unidad nacional, pero los otros 364 días del año, se esfuerza por dividirlos; división que fue evidente en el Congreso, pues todos vimos a los republicanos con ropas oscuras y a los demócratas con colores claros, como una protestas en contra de sus políticas.

El presidente Trump celebró el éxito de su política económica y afirmó que estaba ocurriendo un milagro económico en los Estados Unidos y lo único que podría detenerlo eran las guerras tontas, la política o las investigaciones partidistas ridículas; por lo que algo positivo de su gobierno podría ser su aversión a las guerras, algo que todo el mundo desearía que así fuera, siempre y cuando estuviera acompañado del fin de la producción de armas, lo cual no parece posible ahora que los Estados Unidos han salido del acuerdo de proliferación de armas nucleares firmados con Rusia.

Para México las cosas no parecen mejorar con el presidente Donald Trump. Finalmente, y prácticamente, a la puerta de una nueva campaña por la presidencia, él presidenta estadounidense vuelve a esgrimir sus mismos argumentos de la campaña pasada frente a sus electores; de nuevo insiste en la construcción del muro fronterizo con México, culpa a nuestro país de la afluencia de inmigrantes potenciales en la frontera sur de su país, se jacta de su acuerdo comercial con aranceles que sustituirá al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y su opinión sobre los mexicanos no ha cambiado.

Por lo que no se pueden esperar milagros de parte del presidente Trump, él no cambiará ahora frente a una nueva campaña, utilizará el mismo discurso que lo llevó al poder y México, dentro de su gobierno, requiere firmeza y negociar en calidad de iguales; hacer a una lado su Iniciativa Mérida, que ha sido un “Caballo de Troya” introducido a partir de las donaciones de equipos, para dejar de ser el gendarme en su frontera sur que contenga emigrantes y drogas a los Estados Unidos.

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