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miércoles, 26 de diciembre de 2018

Enfoque Global / Ver hacia el sur...


José Luis Ortiz Santillán

El presidente Andrés Manuel López Obrador, se dispone a hacer del Itsmo de Tehuantepec una fortaleza económica de la frontera sur de México, mientras en la frontera norte el presidente Donald Trump insiste en construir una muralla infranqueable. Sin embargo, con el nuevo gobierno ha llegado también una forma distinta de ver el mundo y las relaciones que tiene México con los distintos países, más que secundar las decisiones de los Estados Unidos como en el pasado, ahora parece estar en proceso de estructurarse una nueva política exterior para hacer que México vuelva a ver hacia el sur.

Lo más relevante no es sólo el reciente anuncio del Canciller, Marcelo Ebrard Casaubon, y del presidente López Obrador sobre el surgimiento de una nueva la política migratoria mexicana, sino la inversión inicial de ocho mil millones de pesos para poner en marcha al “Plan de Desarrollo del Itsmo de Tehuantepec”, sin participación extranjera por ahora. Se trata de materializar un proyecto que durante años los Estados del Sur Sureste, a través del FIDESUR y de GERSE, han venido gestionando frente al gobierno federal sin ser escuchado.

El Canciller ya había señalado la inversión de más de 30 mil millones de dólares en los próximos cinco años para el sur del país. No obstante, ahora el presidente de México ha comenzado a materializar las ideas con propuestas concretas para invertir en infraestructura y promoción económica, asumiendo el compromiso de fortalecer la cooperación con Honduras, Guatemala y El Salvador, con el fin de atender las causas de la pobreza en el sur del país y de la inmigración a México, a Canadá y a los Estados Unidos de los Centroamericanos.

El “Plan de Desarrollo del Itsmo de Tehuantepec”, destinará 50.1 millones de dólares para rehabilitar la vía del Tren Transístmico de pasajeros y de carga; 12,5 millones de dólares para ampliar la carretera de Salina Cruz, Oaxaca, a Coatzacoalcos, Veracruz. Se trata pues, no de abrir un canal interoceánico como el de Panamá o como el de Nicaragua, sino un “Canal seco” que facilite el paso de mercancías entre el Océano Pacífico y el Golfo de México hacia el Océano Atlántico y Europa; al rededor del cual crezca una zona franca.

Una vieja aspiración de los gobernadores de Veracruz y Oaxaca toma forma. EL presidente de México ha informado que la ampliación y modernización de los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos está en marcha, para lo cual se invertirán 150.4 millones de dólares, además de la rehabilitación de las refinerías de Salina Cruz y Minatitlán. De esta manera México, finalmente, se incorpora a los trabajos para ampliar el comercio interoceánico, los cuales concluyeron en Panamá con la expansión de su Canal y continúan en una Nicaragua convulsionada con conflictos políticos, con el proyecto para construir su Canal Interoceánico.

Sin duda alguna, este es el momento para que México pase de la retórica integracionista con América Latina y el Caribe, a la práctica y a asumir su rol de líder en América Latina. Con el expresidente Vicente Fox, surgió el Plan Puebla-Panamá, el cual se ha convertido en el “Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica”, un instrumento de cooperación de México, pero que bien puede ser un mecanismo de integración regional con Centroamérica y el puente la integrar el norte con el sur del continente, con un poco de voluntad política.

Con el “Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica”, también ha surgido la Red Internacional de Carreteras Mesoamericanas (RICAM), cuyo objetivo fue construir y modernizar 13,132 kilómetros de carreteras en cinco corredores, construyendo infraestructura para el transporte que acerque las fuentes de materias primas, a los mercados y los países de Centroamérica a México; con 5 corredores interoceánicos con vocación logística.

Uno de esos corredores, es el Corredor Logístico Interoceánico El Salvador-Honduras, llamado Canal Seco, el cual ha recibido financiamiento de México, a través del “Fondo de Infraestructura para Países de Mesoamérica y el Caribe”, y en el que, al menos, dos empresas mexicanas han estado trabajando. Pero esos proyectos han encontrado en los conflictos entre Costa Rica y Nicaragua, un cuello de botella para avanzar, los cuales han retardado la integración de la infraestructura económica en Centroamérica con México. Pero además, está la red de energía y telecomunicaciones, que ha crecido bajo la ambición de las empresas de los Estados Unidos de apoderase de ellas.

Actualmente, sólo el 5% del transporte marítimo mundial pasa por el Canal de Panamá y es la única alternativa para evitar ir hasta el Estrecho de Magallanes y acceder a la costa este de los Estados Unidos. Nicaragua, con sus conflictos sociales, aspira a convertirse en una segunda alternativa. Panamá, con los nuevos competidores, debido a la cercanía de Nicaragua con México y los Estados Unidos, el mejoramiento de la disposición de infraestructura portuaria en México, en Salina Cruz, Coatzacoalcos y el Puerto Lázaro Cárdenas, en Michoacán, desde donde salen vías férreas hacia los Estado Unidos, y ahora con un nuevo tren en el Itsmo de Tehuantepec, podría pasar a un segundo plano.

Pero más que competencia, podría ser el momento para avanzar en la integración de la infraestructura para el comercio, el crecimiento y desarrollo en América Latina y el Caribe. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que reúne a todas las naciones del Hemisferio Occidental, sin los Estados Unidos (EE.UU.) y Canadá, puede ser el medio para diseñar una estrategia real de integración, más que dividir los esfuerzos a través de la Alianza Pacífico.

La Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA); el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA); la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR); la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y el Caribe-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP); PETROCARIBE; los avance en la propia Alianza del Pacífico, pueden servir para unir todos los esfuerzos del subcontinente en pos del progreso regional; sabiendo que nunca América Latina y el Caribe tendrán el beneplácito de la integración por parte de los Estados Unidos.

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