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sábado, 29 de diciembre de 2018

Enfoque Global / Tragedia y acusaciones incendiarias

José Luis Ortiz Santillán

La muerte trágica de la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, y de su esposo, el senador, Rafael Moreno Valle, ha sorprendido y conmocionado a todo el país. Sin importar la orientación ideológica y afiliación política, todos hemos lamentado esta tragedia que ha enlutado a cinco familias mexicanas en un día tan emblemático para la mayoría de los mexicanos.

Muchos fuimos sorprendidos por una tragedia inesperada al final de un viaje, en medio de las compras de navidad o de poner a punto la cena familiar de ese día. Al enterarme de la trágica muerte del senador y de su esposa, no pude sino recordar a mi amigo Gustavo Rodríguez Santos, quien conocía al senador y me habló muchas veces de similitudes entre él y mi persona; pero también, imaginé la tristeza de las cinco familias que inesperadamente habían sustituido su alegría por el duelo y la tormenta que se cerniría sobre el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Imaginando que se aproximaba una tempestad política sobre el nuevo gobierno, minutos después de enterarme del trágico accidente escribí: en twitter: “Lamentable deceso de la gobernadora de Puebla @MarthaErikaA y de su esposo el senador @RafaMorenoValle. Enfoque Global se solidariza con sus familias y desea que las investigaciones esclarezcan los hechos y no entorpezcan el trabajo del presidente @lopezobrador_ y su gabinete”

No pasó mucho tiempo para que quienes se oponen al gobierno de Presidente López Obrador, hicieran de la muerte de Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle, sus nuevas banderas. A falta de argumentos políticos para ganar elecciones y hacer oposición, la derecha reaccionaria intenta manipular a la población con la tragedia, ensuciando el nombre del presidente y los miembros de su gabinete; culpándolos del accidente y llamándolos asesinos.

Algo que resulta absurdo e infundado, a primera instancia. Fundamentalmente debido, a que se trató de un accidente en un helicóptero perteneciente a una empresa privada y no de una aeronave propiedad del ejército y fuerza aérea o de la Marina, de la policial federal u otra perteneciente al gobierno federal, desde donde hubiera podido fraguarse una trama criminal para quitarle la vida a la gobernadora y al senador, como pudo pasar con Juan Camilo Mouriño, José Francisco Blake Mora o Ramón Martin Huerta; y sobre ello no recuerdo haber escuchado acusaciones de “¡asesino!”. Me pregunto: ¿acaso en Puebla se decide el rumbo del país de los próximos seis años, como para cometer un crimen de esa naturaleza?

Ahora hay una guerra mediática sobre este tema. Por un lado, están aquellos oponentes al gobierno del presidente López Obrador, que buscan argumentos para destruirlo e intentan utilizar esta tragedia para materializar sus planes y denostar su gobierno; por otro, están aquellos quienes tratan de llamar a la calma, a la cordura, e intentan llamar a la razón.

Sin embargo, circulan en los medios afirmaciones temeraria, escudadas en un supuesto prestigio adquirido en los medios internacionales. Entre ellas, absurdas conclusiones infundadas, sin lógica y sentido común, pero incendiarias, capaces de penetrar la conciencia de personas con poca educación y cultura, para empujarlas a realizar acciones peligrosas mientras quienes las escriben toman una tasa de té en la comodidad de sus casas o en algún lujoso restaurante de Atlanta, Maimi, México o los Angeles, viendo a través de la televisión como sus ideas detonan y empujan a la población al desorden y la violencia.

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