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lunes, 12 de noviembre de 2018

Concatenaciones / Crisis de agua, la que viene

Fernando Irala

Una operación fallida para colocar una nueva pieza en el sistema que surte del flujo principal de agua a la ciudad de México, llevó al más largo corte del suministro de que se tenga memoria y puso de manifiesto las fallas de planeación e intervención de un servicio vital para la urbe.

Tendrá que investigarse qué pasó exactamente, y por qué salió mal un trabajo programado con meses de antelación y que tuvo un costo de más de cincuenta millones de pesos.

Responsabilidades aparte, el episodio tendría que servir para tomar conciencia de la fragilidad en que vive la metrópoli, y del desastre al que nos aproximamos, sin que ni habitantes ni autoridades parezcan hacer lo necesario para aliviarlo o al menos mitigarlo.

La crisis hídrica que amenaza a la inmensa ciudad asentada sobre lo que alguna vez fue un gran lago, ha sido contenida por décadas mediante el aprovechamiento de fuentes de aprovisionamiento como el Cutzamala, el cual bombea cuesta arriba un gran caudal que proviene de cuerpos de agua muy lejanos.

Pese a los costos y el trabajo que implica traer el líquido a la ciudad de México, prácticamente no hay reutilización doméstica ni industrial, de manera que surtir de agua a los capitalinos se vuelve una tarea sin fin. No obstante, las tarifas de consumo domiciliario son de las más baratas del país. Se subsidia el desperdicio.

La problemática se agudiza porque de cuando en cuando hay que darle mantenimiento a bombas y tuberías que hacen llegar el flujo hídrico. Para ello, desde hace años se utilizan los “puentes” alrededor de días feriados, como la Semana Santa y éste que acaba de pasar por los días de Muertos. La gente suele salir de viaje y por lo tanto la demanda disminuye.

Pero se trabaja tarde y mal. Se cierran las llaves cuando el puente se inicia y no desde antes, por lo que se desaprovecha el lapso en el que aún circula el agua por las tuberías y hay reservas en los hogares. Cuando algo falla, como fue el caso, la presión para reanudar es tal que la única opción real es volver a dejar las cosas como estaban.

Hacia el futuro, todo será peor. La demanda de la población por agua potable será cada vez mayor y las posibilidades de atenderla cada vez más lejanas.

En realidad, la crisis del agua en la ciudad de México todavía no ha comenzado.

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