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viernes, 12 de octubre de 2018

Con Valor y Con Verdad / AMLO y Del Mazo

Gustavo Rentería*

No hay triunfos para siempre, ni derrotas eternas. Por eso, desde que baje el brazo Andrés Manuel López Obrador, después de protestar cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen, iniciará la sucesión presidencial.

Sí, empezará el 1 de diciembre  la cuenta regresiva para entregar las llaves del despacho de Palacio Nacional y la firma en la chequera. Desde su salida de San Lázaro hasta el verano de 2024, hará el tabasqueño todo lo que esté a su alcance para entregarle la banda a un moreno, pero el desgaste gubernamental atentará contra él y su proyecto.

Entre su grupo más cercano y entre la base de Morena se agarrarán a patadas y se acusarán de todo, para así irse abriendo camino rumbo a la elección federal. En esa vereda habrá traiciones, intrigas, ambición  desmedida y pasión desbordada que permitirá meter goles a los equipos contrarios.

Hoy se ven fuertes y muy atléticos por los 30 millones de votos, mismo número de almas que exigirían desde ya, que se cumplan todos los ofrecimientos y promesas. Muchos de ellos, dirán en breve, que todos los políticos son iguales y que se sienten engañados. Serán seducidos por otros colores, ideologías y depositarán sus esperanzas con otro grupo. Así es la condición humana. Así es la política.

Bajo esta realidad, cobra mucha fuerza la visita que hiciera López Obrador, acompañado de Higinio Martínez y la maestra Defina, a Alfredo del Mazo en Toluca. Para el mexiquense se trató de un día histórico, porque les abrió las puertas de Palacio a sus peores enemigos, pero al mismo tiempo, sabe el Presidente Electo que sí no le salen las cosas, a ese joven de pelo blanco le estaría entregando la banda tricolor.

Los priístas están de luto, están viviendo un duelo similar al que vivieron en el año 2000, y están muy nerviosos por las auditorias, pero en sus análisis y proyectos, ya están en el retorno al poder, porque saben que no hay derrotas eternas.

Ven a Del Mazo como aquel que los puede abanderar, que los puede representar. Al fin y al cabo, un sexenio en la banca no es mucho.

Guarden pues esas fotografías, donde el próximo titular del Ejecutivo Federal ve a los ojos al gobernador mexiquense, mientras le da la mano, porque como no hay triunfos para siempre, en algunos años esas imágenes cobrarían relevancia.

Nada está escrito.

* Periodista, editor y radiodifusor.

www.GustavoRenteria.mx
@GustavoRenteria

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