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lunes, 17 de septiembre de 2018

Metrópoli Central / A debate del legislativo nuestro sistema electoral mixto

Mtro. Fernando Díaz Naranjo
Analista político y académico
@fdodiaznaranjo
diaznaranjo.fernando@gmail.com

Nuestro sistema electoral, es el medio a través del cual los ciudadanos determinan qué fuerzas políticas y qué actores son los que tendrán esa representación ciudadana para gobernar, legislar y bien, administrar el poder público por un periodo determinado. Es a través de la simple expresión del voto, pero en un complejo aparato normativo que elecciones tras elecciones nuestro sistema va caminando conforme lo determina su mayor conglomerado:  la ciudadanía.

Esta forma de operación de nuestro sistema electoral corre en dos pistas; la primera a través de lo que la legislación electoral determina como “mayoría relativa” (first past the post system) el cual consiste en que en una demarcación, que para el caso mexicano es un distrito electoral (el país se divide en 300 distritos electorales uninominales), son electos figuras políticas que representan a alguno de los partidos políticos contendientes o a alguna candidatura independiente, por el voto mayoritario de los ciudadanos.  Así, son electos igual número de diputados federales, es decir, 300.  La otra pista de acceso al poder legislativo se le conoce como de representación proporcional cuya función principal es asignar a los contendientes en una elección tantos representantes populares de acuerdo a la proporción de su fuerza electoral reflejada en los votos depositados en las urnas por los electores.  En nuestro sistema son 200 legisladores los que se integran bajo este principio a razón de un listado de 40 legisladores divididos en 5 regiones llamadas circunscripciones plurinominales.  Así, cada fuerza o partido político inscribe sus 40 propuestas en dicho listado en cada una de las circunscripciones y con el voto de los ciudadanos y de acuerdo a su porcentaje adquirido y la aplicación de una serie de fórmulas se determina el número de legisladores a asignar por partido político.

Los teóricos de la ciencia política han establecido que ambos sistemas tienen defectos y virtudes.  En el caso del sistema de mayoría relativa se argumenta, entre otros puntos, que es proclive a generar efectos de sobre y subrepresentación.  Para el caso del sistema de representación proporcional quienes lo defienden establecen que es un sistema que genera mayor equilibrio y con ello reduce los posibles efectos de subrepresentación y sobre representación.

Este sistema mixto, con predominancia mayoritaria funciona en nuestro sistema electoral desde la reforma de 1977 para el caso de los diputados federales y en 1996 para el caso de los senadores de la República.

Esta conformación ha estado a múltiples debates, así, por ejemplo, en 2015 el Partido Revolucionario Institucional (PRI) propuso en el Senado de la República la eliminación de 100 legisladores plurinominales (representación proporcional) de la Cámara de Diputados y 32 Senadores electos por la misma vía.  Esta propuesta volvió a repetirse en 2017.  En su oportunidad, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el Partido del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano (MC) –antes Convergencia, propusieron que la Cámara de Diputados se eligiera en su totalidad por la vía de la representación proporcional.

Ahora con una nueva composición del legislativo tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores a raíz del resultado electoral del primero de julio de este año, es un tiempo propicio para hacer una reflexión o balance del funcionamiento de nuestro sistema electoral.

Entre las propuestas que he escuchado, me han compartido o platicado los hoy legisladores se encuentran, entre otras, las siguientes:

Reconfigurar la geografía electoral.  Esto es, revisar si el país debe seguir con 300 distritos uninominales o no.  Lo mismo sucedería con las circunscripciones plurinominales.
Reducir el número de legisladores plurinominales, sin que esto implique que no exista acceso a una pluralidad legislativa.
Conservar los 200 diputados electos bajo el principio de representación proporcional, pero la asignación cambiaría.  100 diputados serían electos de forma similar a como se eligen los 200 diputados, pero 100 serían electos con otra fórmula que permitiera dar acceso a partidos que no han tenido una importante representatividad política.  Esto último, llevaría a pensar en bajar el umbral del 3% con el que un partido permanece en la arena político electoral.
Equilibrar con la misma proporción el sistema mixto con el que contamos, es decir, que la Cámara de Diputados se integre con la mitad de los legisladores por la vía de mayoría relativa y la otra mitad a través de la representación proporcional.  No es claro aún la línea de análisis para la Cámara de Senadores.

Cualquiera que sea el debate legislativo en la composición de la alta tribuna legislativa en México, será importante resaltar que la representación que el ciudadano otorga a un legislador, debe ser lo más fielmente cercana al tamaño, composición, usos, costumbres, geografía y número de electores que componen una demarcación territorial.  Si esto lo logramos, si tenemos un Congreso mixto con predominante mayoritario, si disminuyen o no los legisladores de representación proporcional eso sería lo de menos.

* Artículo publicado en La Silla Rota.

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