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martes, 11 de septiembre de 2018

Enfoque Global / Trenes rápidos para sacar de la pobreza a millones de mexicanos

José Luis Ortiz Santillán

Durante los últimos 10 años, los secretarios de Desarrollo Económico que integran el Grupo Económico de la Región Sur-Sureste (GERSSE), compuesto por los Estados de Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz, y Yucatán; y su Fideicomiso para el Desarrollo Regional del Sur Sureste (FIDESUR), han venido multiplicando sus esfuerzos para impulsar el desarrollo económico y social de la región Sur-Sureste del país, efectuando múltiples estudios y presentando al gobierno federal un sin número de proyectos como la creación del Corredor Industrial de la Frontera Sur, la construcción de puertos de aguas profundas como el de “Dos Bocas” en Tabasco y un corredor logístico en el Istmo de Tehuantepec, por ejemplo.

Sin embargo, después de años de esfuerzos infructuosos ahora el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, parece escuchar sus propuestas y ha ratificado su compromiso con los gobernadores de los Estados del Sur-Sureste, de construir el “Tren Maya”. Sin duda, la insurrección zapatista del 1 de enero de 1994 sirvió para que los mexicanos y el gobierno federal volvieran los ojos hacia el sur; para que llegaran inversiones millonarias a Chiapas, algunas diluidas en algunas cuentas bancarias, seguramente.

Este fin de semana, el presidente electo anunció a los gobiernos de Chiapas y Tabasco que el proyecto del “Tren Maya”, abandonado en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, luego de los escándalos de corrupción y denuncias de haber recibo sobornos por parte de la empresa china que había ganado la licitación del tren de alta velocidad México-Querétaro, iniciará en su primer año de gobierno con una inversión inicial de 16 mil millones de pesos. Con ello, en los Estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Quinta Roo y Yucatán se construirán 150 mil kilómetros de vías férreas.

Pero el Sur-Sureste es más que Chiapas y Quintana Roo y después de décadas de sólo ver hacia el norte, es posible que la llegada de un presidente del sureste de México detone finalmente el desarrollo de esa región. No obstante, no sólo es el Sur-Sureste quien requiere grandes obras de infraestructura y el apuntalamiento de su desarrollo y la creación de millones de puestos de trabajo.

México requiere hoy modernizar su infraestructura de transporte y detonar el crecimiento de su economía a partir de estimular la demanda interna. Desde 2008, cuando estalló la crisis financiera con los créditos “chatarra” en los Estados Unidos (Subprims), las economías en desarrollo y las emergentes, como la de México, han enfrentado problemas para crecer y en este sexenio quizá se crezca en 2.1%, en promedio anual, menos que los dos sexenios anteriores en que se creció en 2.2%. Ahora con el nuevo gobierno se abre la posibilidad de estimular el crecimiento a través de un programa ambicioso de infraestructura, el cual saque de la pobreza a millones de mexicanos.

Dentro de los más de 55 millones de mexicanos que viven en la pobreza hoy, tenemos una fuerza de trabajo sin calificación que requiere una oportunidad de empleo. La construcción de un tren de alta velocidad que una Ciudad Hidalgo en Chiapas con la Ciudad de México y dos trenes de alta velocidad que unan a la Ciudad de México con El Paso, en Texas, y Mexicali, en Baja california, podrían ser los instrumentos que permitan liberar de la pobreza a millones de mexicanos, multiplicar los ingresos de los hogares y de las empresas, aumentar la demanda interna de toda la economía y estimular el crecimiento.

Por supuesto, no se trata de inversiones públicas exclusivamente y de endeudar al país. La idea de formar asociaciones público-privadas o concesionar al sector privado la construcción de esas enormes obras de infraestructura, puede ser una buena opción para modernizar el sistema de transporte en México y unir al país en lapsos de tiempo más cortos, llevando al sistema de transporte férreo del país al nivel del que disponen Francia, Alemania, Bélgica o España, en Europa; Tokio o China en Asia.
Un proyecto para unir a América del norte frente al aislamiento del presidente Donald Trump. En 2026 la FIFA realizará un mundial de futbol en América del norte y bien podría ser este el pretexto para que mexicanos y estadounidenses (miles de inmigrantes mexicanos entre ellos) puedan desplazarse por tierra, en menor tiempo, entre los dos países. Aunque hoy estos proyectos pueden encontrar resistencia y parecer descabellados, no creo que a las empresas chinas que trabajan un proyecto en Colombia de un tren de alta velocidad o a las francesas, que han diseñado un tren de alta velocidad económico, les parezca absurdo.

Lo cierto de estos proyectos de infraestructura es que constituyen un medio para incorporar al trabajo a miles de personas de manera directa y crean muchos puestos de trabajo indirectamente. Por ello, retomar la construcción del tren de alta velocidad México-Querétaro y pensar en llevarlo hasta Ciudad Juárez, Chihuahua, puede ser el inicio de esta aventura que permita reducir la pobreza en México; de otra forma, repartiendo dinero como se ha hecho a través de los programas sociales hasta hoy, difícilmente los hogares podrán vivir mejor y la economía crecer.

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