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martes, 18 de septiembre de 2018

Concatenaciones / Un año

Fernando Irala

Un año está por cumplirse del terremoto que semidestrozó la ciudad de México, distanciado a su vez treinta y dos años de aquel otro que constituyó un verdadero cataclismo, a grado tal que aún se notan algunas cicatrices de aquél del siglo pasado; del reciente se notan todas.

El sismo de 2017 literalmente pasmó a las autoridades capitalinas. Una vez más, la heroicidad de miles de voluntarios se hizo presente, y junto con la intervención de las fuerzas armadas y de la policía federal, fue posible organizar el rescate de víctimas debajo de los escombros, apoyar a los damnificados y arrostrar los peligros inmediatos.

Luego de días y semanas, en que la emergencia más inmediata pasó y los lugares más afectados en la capital retomaron cierta normalidad en su vida, quedó pendiente la larga tarea de reconstrucción.

Ha pasado un año y los avances se cuentan en forma muy breve. Los edificios semicolapsados o a punto del colapso han sido derrumbados casi todos, pero un centenar o tal vez más que resultaron inhabitables y requieren en la mayoría de los casos derribarse o entrar a un proceso de reforzamiento complejo y costoso, están como el primer día.

Lo anterior significa que miles de habitantes de esta ciudad no han podido recuperar el techo en el que vivían. Hay gente que ha sido recibida por familiares o amigos, otros que de plano han emigrado de la ciudad, y otros más en diversas situaciones precarias.

En la mayor parte de los casos los trámites para acceder a los programas de apoyo a la reconstrucción se atoran en el cumplimiento del papeleo necesario. En una ciudad y un país donde la cultura del orden y la legalidad no es lo más acendrado, resulta que hay propiedades intestadas, otras amparadas en simples contratos de compraventa o que por alguna razón no aparecen las escrituras, por hablar de los documentos más básicos.

Por esas y otras razones, las autoridades citadinas han sido lentas y poco eficaces en la reconstrucción. Lo más lamentable es que los damnificados perciben entre quienes llegarán en breve al gobierno de la capital aún menos disposición y compromiso.

Así se cumple el primer año. Habrá que ver cuántos más se cumplirán antes de finiquitar los pendientes que nos dejó el sismo.

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