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lunes, 13 de agosto de 2018

Metrópoli Central / Elementos claves de la elección

Mtro. Fernando Díaz Naranjo
Analista político
@fdodiaznaranjo
diaznaranjo.fernando@gmail.com


El balance general de los resultados electorales del pasado primero de julio resulta satisfactorio respecto a la planeación, organización y desarrollo del mismo, sobre todo por el número de procesos electivos que concurrieron, es decir, se escenificaron poco más de 17 mil 500 campañas electorales que fue el resultado de la competencia electoral por la presidencia de la República, por la renovación de la Cámara senadores y la de diputados federales.  Además, en 30 de las 32 entidades federativas hubo elecciones locales; no por algo, el propio consejero presidente del INE señaló acertadamente que en este año vivimos la elección más grande de la historia en donde votaron más de 56 millones 600 mil electores.

Pero el hecho de organizar una elección de este tamaño implicó una serie de pasos previos, de los que sólo apuntaré algunos.

El INE, de acuerdo con las funciones que el legislativo le otorgó con la reforma de 2014, llevó a cabo una serie de trabajos para conformar una geografía electoral del país actualizada que permitiera, entre otras cosas, establecer mejores parámetros para la competencia electoral.
El empadronamiento y, consecuentemente la entrega de las credenciales de elector son un proceso permanente que busca generar la participación activa de los ciudadanos en elecciones.  Además, aspectos de movilidad como los cambios de domicilio, reposiciones y demás, hacen de este rubro aparentemente rutinario, uno de los pilares del sistema electoral.
Cerca de la elección son capacitados nuestros vecinos para que reciban la votación por el partido, coalición, candidata o candidato de parte de los ciudadanos.
En el mismo sentido, la autoridad electoral, junto con los representantes de los partidos políticos, determinan los lugares en donde se ubicarán las casillas electorales garantizando espacios de libre acceso con elementos que garanticen la secrecía del voto.
La impresión de toda la documentación electoral en donde destacan las boletas electorales sin lugar a dudas, es un momento crucial del proceso que, incluye por supuesto, la logística para la distribución de la misma.
Las precampañas y campañas electorales son llevadas a cabo; las primeras bajo la determinación estatutaria de cada partido y, las segundas, basadas en las reglas del juego establecidas en la legislación electoral.
Se generan complejos sistemas informáticos que dan cuenta de diversos aspectos inherentes a la elección tales como el de resultados preliminares y el de los cómputos, entre otros, mismos que son auditados por instituciones externas como la UNAM, por ejemplo.
El proceso de fiscalización llevado a cabo por el INE, como mecanismo legal para revisar toda la información relativa al origen y destino que son utilizados por los partidos políticos, precandidatos y candidatos es, sin lugar a dudas, uno de los más complejos esquemas que buscan garantizar equidad en la elección.  En 2018 el INE dictaminó multas que llegan a casi 900 millones de pesos.
El complejo sistema de medios de impugnación instituido en la legislación electoral, permite a los competidores contar con las garantías constitucionales para reclamar sobre irregularidades en el desarrollo del proceso electoral que, incluso, pueden llegar a la anulación de alguna elección independientemente de las multas que la autoridad determine imponer, la pérdida de registro de algún partido político por faltas graves hasta las que pudieran, por la comisión de un delito electoral, interponerse y, en su caso, acabar en la cárcel.
Otro aspecto que quiero destacar es el concerniente a la obligada coordinación que las autoridades electorales deben tener, sobre todo tratándose de elecciones concurrentes como las que presentes, es decir, entre el INE y los institutos electorales locales.  Sin un buen engranaje difícilmente se concretarían elecciones como las llevadas a cabo.

Con este breve repaso de sólo algunas acciones realizadas para llevar a buen puerto una elección, independientemente de quien obtenga el triunfo en las urnas, podemos darnos cuenta de la complejidad que implica la organización de los procesos electorales que, al final, constituyen los elementos fundamentales para que, en un acto, se concretice uno de los pilares de nuestra democracia: la participación activa de los ciudadanos a través de su voto.

Y hay que decir que aún no termina el proceso electoral en curso y las instancias electorales deben empezar ya, a preparar los procesos electorales que se llevarán a cabo de manera local el año entrante.

*** Artículo publicado en el portal La Silla Rota.

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