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miércoles, 1 de agosto de 2018

Concatenaciones / El renacido TLC

Fernando Irala

Cuando parecía postrado y agonizante, el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, ha tomado nuevos bríos, al grado que su renegociación puede culminar en menos de un mes, según ha trascendido luego de la última ronda de trabajo.

No es que el espíritu destructivo de Donald Trump haya cambiado, ni siquiera que ahora aprecie a los gobiernos de los países vecinos y socios comerciales. A los continuos desplantes contra el presidente mexicano debe sumarse el agravio directo al primer ministro canadiense, a quien el mandatario estadounidense simplemente calificó de “muy deshonesto y débil” luego de las discrepancias con éste durante la reunión de los integrantes del G7.

Lo que ocurrió en las últimas semanas es que la contundencia de los hechos se impuso y obligó al rijoso y abusivo personaje a cambiar de rumbo y de estrategia.

Sus bravatas tuvieron al inicio de su mandato algunas consecuencias en los mercados financieros y en el ambiente económico, pero luego de su sistemática repetición terminaron por no preocupar a nadie y fueron asumidas como parte del juego.

Pero cuando Trump decidió aterrizar sus continuas amenazas y comenzar una guerra comercial contra el mundo, las respuestas no se hicieron esperar. China, la Unión Europea, México incluso, reaccionaron a las imposiciones arancelarias con medidas de represalia cuyo impacto se hizo sentir casi de inmediato en las cifras comerciales, pero sobre todo en los productores norteamericanos afectados.

Ahora, el gobierno norteamericano busca frenar la guerra que ellos mismos desataron. Hace apenas un par de semanas Trump declaró a la Unión Europea como enemiga de Estados Unidos, pero ahora ha pedido dialogar y promete negociar una relación comercial de cero aranceles.

Al mismo tiempo, se han reanudado los trabajos sobre el TLCAN ya sin las amenazas y desfiguros que Donald acostumbraba proferir en cada ronda y ahora en cambio aparentemente nos aproximamos a un final feliz.

Trump ha aprendido dándose de topes. Esperemos que no olvide la lección tan pronto, o que intente nuevos berrinches en desquite.

De los chinos luego hablamos.

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