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lunes, 11 de junio de 2018

Metrópoli Central / Casos (electorales) de la vida real

Mtro. Fernando Díaz Naranjo
Analista político
@fdodiaznaranjo

Llego el día de ir a votar, así que tratemos de imaginar que cualquiera de nosotros es un funcionario de casilla.  Es un domingo de julio alrededor de las 9:30 horas y recibimos a Pedro, nuestro vecino que todos conocemos porque lleva viviendo aquí en la Colonia Federal algo así como 5 años; hombre serio, trabajador, que no se mete con nadie.  Sus hijas vienen a visitarlo de vez en cuando.

Pedro se presenta en la casilla, saluda a los funcionarios de la misma que conoce, son sus vecinos; inclusive saluda a varios de los representantes de los partidos políticos ahí presentes ya que viven en la misma Colonia donde el radica y conoce a la mayoría.  Lo saludan y el atento sigue las indicaciones del presidente de la casilla y muestra su credencial de elector para poder ejercer su derecho al voto.

El funcionario de la casilla revisa con la credencial entregada por Pedro, que aparezca en la lista nominal de electores.  De repente los funcionarios entre extrañados y sorprendidos le comunican a Pedro que no se encuentra en la lista nominal y que por tal motivo no puede ejercer su derecho al voto.

Lo esperado: propios y extraños sorprendidos.  Un representante de partido político se acerca y pregunta ¿Pedro es el de la foto no?  Todos exclaman que sí. ¿A todos nos consta que Pedro vive en esta dirección y en esta Colonia no?  Todos al unísono responden que sí.  Fraude electoral, grita otro representante.

Así, lo que parecería un día normal de jornada electoral un primer domingo de julio se polariza, se tensa y empieza la confusión.  Algunos hasta sugieren dejarlo votar, otros que se registre el incidente; otro representante de partido inclusive toma nota, registra el nombre de Pedro y hasta su domicilio, gritando que llevará el asunto ante el Consejo Distrital para que su representante, en la sesión pública respectiva, exponga el caso ante los funcionarios de la autoridad electoral, ante los consejeros electorales distritales y ante el resto de los representantes de los partidos políticos y candidatos sin partido; señala que llevará este asunto hasta llegar con el responsable o responsables de tremenda infamia, nada más ni nada menos, dejar a un ciudadano sin poder votar.

Al final, y luego de algunas deliberaciones entre los funcionarios de casilla a Pedro no se le permite votar, así que sale de la casilla que se instaló a sólo cinco casas de la suya. Los electores de la fila que esperaron para votar quedan atónitos.  Una señora de la fila dice: ¿Pues no que las instituciones electorales son muy confiables?  Ojalá y a mí si se me permita votar si no les hago tremendo escándalo; la mayoría de la gente se queda enojada ante el hecho sucedido, afortunadamente no todos los de la fila escucharon a doña Olga ya que la Colonia Federal es una colonia tradicional pegada al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y en esos momentos estaba justo pasando un avión.

Para poder comprender la historia completa vayámonos algunos meses atrás.

Pedro es un hombre de aproximadamente 53 años, siempre fue deportista así que antes de ir a trabajar generalmente sale en su bicicleta a la Ciudad Deportiva a trotar un rato, para lo cual siempre lleva consigo su teléfono celular, su licencia y una identificación oficial (su credencial de elector).

Un día por el pago de un ejercicio profesional, busca su credencial de elector para ir al banco a cambiar un cheque y no la encuentra.  Los días siguientes hizo lo mismo y nada.  Se dio por vencido y pensó que la había extraviado.  Terminó cobrando su cheque con su pasaporte.

Al cabo de un par de semanas más acudió al módulo del INE a realizar la reposición de su credencial de elector argumentando que la había extraviado.  Luego de realizar lo conducente en el módulo del INE se regresó a su casa.

Al día siguiente, un domingo cualquiera por la mañana se levantó temprano dispuesto a correr 5 kilómetros en el circuito Ghandi.  Al ponerse unos pants y al meter las manos en una chamarra que se había puesto porque a las 5:30 de la mañana hacía frío sintió algo en la bolsa.  Había encontrado su credencial de elector.  Se sintió satisfecho.  Se puso contento y se fue a su competencia atlética.

Pasaron los días y las semanas, y como ya había encontrado su credencial de elector nunca regreso al módulo del INE a recoger su reposición de su credencial que había reportado como extraviada, a pesar de la fuerte difusión que dicha Institución electoral realiza para que la población actualice sus trámites en el INE como lo son, justamente la reposición, cambio de domicilio, reemplazo por vigencia, entre otros.

Consecuentemente, cuando Pedro fue a votar lo hizo con una credencial de elector que ya no tenía vigencia porque él mismo la dio de baja al solicitar su reposición. Para que hubiera podido votar tenía que haber recogido su nueva credencial y haber entregado la que en su oportunidad reportó como extraviada.

Así, una de las tantas historias cotidianas de la vida electoral de los ciudadanos.  Por supuesto no hubo fraude electoral.

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