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lunes, 18 de junio de 2018

Concatenaciones / ¿Elección decidida?

Fernando Irala

A dos semanas escasas de los comicios, luego de atosigar a los electores con una lluvia inacabable de spots y de tres debates de los candidatos presidenciales, la expectativa no es muy distinta de la que existía antes de iniciar las campañas.

El sentido común indica que no habría sorpresas que esperar el día de la elección. Pero todo puede suceder.

López Obrador, el candidato posicionado en primer lugar, dice que ya no alcanzarán a ganarle con un fraude, sólo “con un milagro”.

No deja de llamar la atención que un hombre de religiosidad conocida acuda a ese término para referirse a la probabilidad de su derrota. En caso de que ocurra los reclamos tendrán que dirigirse a la divinidad.

Pero en verdad todo puede ocurrir. Las encuestas distan de ser infalibles en una realidad que cambia con gran rapidez, y los mismos expertos advierten del factor de incertidumbre por el alto porcentaje de quienes todavía no han decidido su voto o simplemente se niegan a contestar a los encuestadores. A lo que habría que añadir la posibilidad de que haya quienes oculten su intención de voto o la muden a medida que se acerque el día cero e incluso frente a la urna.

Pero lo que se ha hecho evidente a medida que nos aproximamos a la jornada electoral, es la necesidad de evolucionar a instaurar una segunda vuelta, una práctica ya común en muchos países de Europa y en otras latitudes.

A lo largo de décadas, el PRI como partido hegemónico se ha negado a la posibilidad de su instrumentación, porque temía que la unidad de sus opositores facilitara la pérdida del poder. Hoy ese fenómeno se observa con el opositor más radical y persistente, quien parece tener el apoyo relativamente mayoritario pero también el rechazo de quienes no pretenden desmontar el actual sistema ni poner el riesgo en futuro con experimentos populistas. Éstos suman mayoría, que no podrán detener al puntero porque su voto se divide y anula entre dos candidatos competitivos.

De existir una segunda vuelta, la victoria de quien va adelante podría revertirse al enfrentar al final sólo a un contendiente.

Tal vez se trate de una idea tardía. No existe en la actualidad. Y en el siguiente sexenio quién sabe si haya la posibilidad siquiera de plantearla.

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