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martes, 5 de junio de 2018

Concatenaciones / Dinamitado, el TLC

Fernando Irala

Nueve meses después de iniciadas las negociaciones para actualizar el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México, la absurda decisión de Donald Trump de imponer aranceles al acero y al aluminio proveniente de estos sus socios comerciales y de la Unión Europea, dinamita la posibilidad de cualquier acuerdo, y lleva a nuestros países de un escenario de cooperación a uno de guerra comercial, sin sentido alguno.

Trump ha dispuesto la medida unilateral justo cuando parecía muy cercana la renovación del pacto comercial, y luego de que él mismo había anunciado la cercanía de su firma. El primer ministro canadiense se vio obligado incluso a cancelar un viaje previsto a Estados Unidos, precisamente en la idea de que la suscripción del acuerdo era inminente.

Pero la jugada malosa del magnate norteamericano no es una sorpresa. Es parte de un estilo que lo ha caracterizado toda su vida, pues para él la idea de negociar no se distingue de la de pelear con quien tenga enfrente, sean sus socios, sus competidores o sus adversarios, y trampearlos en todo lo que se pueda.

Esa mentalidad que guía al líder de la principal potencia occidental es particularmente desafortunada y tiene muchos puntos débiles. El más evidente es que Canadá y México no deberían ser vistos a estas alturas del desarrollo mundial como sus competidores o adversarios, sino como sus socios naturales. Cuando el señor del pelo anaranjado les mete el pie a las naciones vecinas hace tropezar a la suya propia. Sus decisiones serán de inmediato objeto de justas represalias comerciales de los afectados, y el entorpecimiento del comercio regional encarecerá la vida de los habitantes de toda la zona, reducirá las oportunidades de empleo en la región y volverá menos competitivos a los tres países.

Por otro lado, al no tratarse de disposiciones sorpresivas, pues su posibilidad fue largamente mencionada, los socios comerciales han tenido tiempo de varias cosas, primero de pensar y asimilar las consecuencias, diseñar y ponderar sus respuestas, e imaginar un futuro sin el TLC.

De nada sirve un proceso que ha durado más de un año entre los preparativos y las rondas sucesivas de negociación, si cuando todo ello está a punto de culminar, el señor Trump se comporta como un auténtico hooligan.

No se puede negociar nada con quien no espera negociación sino rendición a sus caprichos.

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