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lunes, 21 de mayo de 2018

Metrópoli Central / El descrédito de los candidatos independientes

Mtro. Fernando Díaz Naranjo
Analista político
@fdodiaznaranjo

Acceder a un puesto de elección popular fue, durante muchos años, una vía exclusiva de los partidos políticos.  Fue hasta 2005 cuando Jorge G. Castañeda solicitó al otrora Instituto Federal Electoral (IFE), su registro para participar como candidato (independiente) a la presidencia de la República.  El IFE le negó su registro y, consecuentemente, Castañeda recurrió tal decisión.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó sobreseer el amparo (743/2005), por improcedencia del mismo en materia electoral, pero la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió una sentencia condenatoria para el Estado mexicano lo que abrió el camino a una serie de foros, encuentros, opiniones de columnistas y manifiestos de diversas organizaciones sociales, lo que generó, hasta agosto de 2012 el reconocimiento al derecho de los ciudadanos mexicanos a postularse a cargos de elección popular por la vía independiente, derivado de reformas constitucionales hechas a los artículos 35 y 116.

Vale la pena referir que la figura de la “candidatura independiente” ya había aparecido en algunas legislaciones electorales locales, lo mismo que a nivel federal y que en su oportunidad dicha normativa fue derogada para que sólo los partidos políticos tuvieran esta potestad.

En el marco normativo actual y gracias a la reforma constitucional de 2014 en materia electoral, se conformó una legislación electoral mucho más robusta que contempla ampliamente el tema de las candidaturas independientes y su participación en los procesos electorales.  Así, para la elección local registrada en 2015, participaron ya varios candidatos independientes y, para la presente elección, tan sólo a nivel federal hay poco más de 50 candidatos independientes registrados.

Sin embargo, la vida tan corta que han registrado los candidatos independientes (o sin partido, según la normatividad electoral), ha estado manchada por múltiples factores que han pervertido la esencia original de dichas figuras y que la ciudadanía identificaba con un vínculo más directo con la sociedad.

Salvo honrosas excepciones, hoy las candidaturas independientes están vistas como un referente ligado a los partidos políticos o, peor aún, como un alternativa o plan “b” para diversos políticos.

Públicamente se conoce que en los procesos internos de los partidos políticos que determinan las candidaturas a cargos de elección, siempre hay inconformes, mismos que han visto en las candidaturas independientes como la opción más viable para sus aspiraciones políticas, lo que ha pervertido esta figura.  O bien, están los casos como el de El Bronco o Ríos Piter que dejaron tantas dudas en su proceso por alcanzar un espacio en la boleta electoral para la elección presidencial que lo único que generaron fue un descrédito para las instituciones y, nuevamente, para estas figuras.

Ni que decir de Margarita Zavala que se bajó del barco y que, si bien sus razones pueden ser válidas, deja en vilo a mucha gente que creyó en su proyecto.  Si nombre aparecerá finalmente en la boleta electoral, aunque ahora ya no tenga efecto alguno.

Pasando el proceso electoral debe de replantearse los requisitos para concurrir por una candidatura independiente, con la finalidad de regresarle ese sentido ciudadano en el que la gente creyó y que hoy está desacreditado, insisto, salvo honrosas excepciones.

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