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viernes, 25 de mayo de 2018

Enfoque Global / Del crecimiento efimero a las amenazas de Donald Trump

 José Luis Ortiz Santillán

El panorama de la economía mexicana parece complicarse en el corto plazo. En medio de un proceso electoral inédito por las propuestas de los candidatos y el entorno internacional que circunda la economía nacional, quien gane las elecciones presidenciales en México y obtenga la mayoría en el Congreso, deberá hacer frente a retos históricos; entre ellos, el decidir el rumbo del país sin la tutela de los Estados Unidos y teniendo a este país no como un aliado, sino como un rival discordante que ha modificado las reglas del comercio internacional y de convivencia entre las naciones.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó esta semana que el Producto Interno Bruto (PIB) de México sólo pudo crecer en el primer trimestre de este año en 2.3%, respecto al mismo periodo de 2017; con ello el crecimiento promedio de la economía nacional se situaría en 2.1% en promedio; muy lejos de las tasas prometidas por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto de 5%.

Con ello, si se confirma el crecimiento de 2.3% para 2018, como han proyectado los organismos multilaterales y los analistas, la economía de México habrá crecido en este sexenio por debajo de los promedios de los dos últimos, cuyos gobiernos del presidente Vicente Fox y Felipe Calderón sólo lograron que creciera en 2.2%; más aún, con ello el crecimiento de la economía mexicana durante los 23 años de vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) habría sido de 2.5%, en promedio anual.

La apertura de la economía al exterior y su desregulación en México ha estado caracterizada por un crecimiento mediocre. En efecto, el crecimiento del PIB sólo ha llegado a una tasa promedio del 2.5%, mientras que la pobreza ha pasado de 31 millones de personas (sumada la pobreza alimentaria, de capacidades y patrimonial) a más de 55.3 millones en 2014 y a 53.4 millones en 2016 según el CONEVAL.

Pero si bien cualquiera de los candidatos a la presidencia tuviera las mejores intenciones para impulsar el crecimiento, aumentar el empleo y los ingresos de los hogares para reducir la pobreza, la realidad del entorno internacional será difícil de superar. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. No ha dejado de lado sus promesas de campaña y sus intenciones de abandonar el TLCAN, si no le beneficia el resultado final de las negociaciones en curso; pero tampoco ha dejado de insistir en la construcción de su muro fronterizo y deportar a todos los mexicanos que han inmigrado ilegalmente a su país.

No es el liberalismo comercial la mejor característica de la política comercial del actual gobierno de los Estados Unidos, política que llevó a México a abrir sus fronteras al comercio internacional y a emprender la aventura de crear una zona de libre comercio con estadounidenses y canadienses. Hoy el presidente Trump se ha convertido en un enemigo de la globalización y del libre comercio, amenazando este miércoles con gravar con un impuesto del 25% a los vehículos importados a su país, luego que impusiera un arancel similar a las importaciones de acero y aluminio.

El presidente Trump considera que la industria automotriz es estratégica para la seguridad nacional de su país. Este es uno de los temas que han trabado las negociaciones recientes del TLCAN, el que no ha dejado avanzar y concluir un acuerdo en principio del Tratado. Según The Wall Street Journal, el gobierno del presidente Trump planea imponer impuestos de hasta del 25% sobre los automóviles importados, basado en la ya famoso Sección 232, que se utilizó para justificar los aranceles sobre el acero anunciado hace unas semanas; la cual permite imponer impuestos a los productos que presentan un riesgo particular para la seguridad del país.

El presidente Trump, en una declaración hecha este miércoles pasado por la noche, señaló: “He pedido a la Secretaría de Comercio, Wilbur Ross, para abrir una investigación en virtud del artículo 232 de las importaciones de automóviles, camiones y piezas de repuesto para evaluar su efecto sobre la seguridad nacional estadounidense”. Para los Estados Unidos, las industrias estratégicas como la del automóvil y sus subcontratistas, son fundamentales para fortalecer la economía y la creación de nuevos empleos en su país; por lo que es probable que la investigación puede o no conducir a la imposición de aranceles, pero seguramente justificará la toma de algunas decisiones proteccionistas.

Bajo este contexto, la industria automotriz y del acero en México parecen estar bajo la mira del presidente Trump. Durante las últimas semanas, estadounidenses, mexicanos y canadienses discuten la “modernización” del TLCAN y el sector del automóvil es uno de los temas que han empantanado las negociaciones; por lo que si éstas no avanzan y se pone fin al Tratado, podría caer un enorme gravamen sobre las exportaciones mexicanas de vehículos y acero hacia los Estados Unidos; pues el presidente Trump sigue pensando que el sector automotriz es demasiado abierto y ha abogado por una mayor reciprocidad en los acuerdos comerciales.

Hay una maraña difícil de enderezar en la industria automotriz en Estados Unidos. Durante los últimos 10 años Toyota, Nissan, Volkswagen, BMW o Volvo, han abierto nuevas fábricas o invertido la modernización de sus instalaciones existentes, a fin de producir más vehículos. Estados Unidos aplican un impuesto del 2.5% sobre automóviles y el 25% sobre camiones de países con los cuales no se ha llegado a un acuerdo comercial; por lo que el proyecto del presidente Trump preocupa a los miembros del Congreso, ya que algunos Estados son anfitriones de constructoras extranjeras y han manifestado reservas a la política de Washington, pues hoy producen y venden más automóviles en los Estados Unidos que los fabricantes estadounidenses.

Es una posibilidad el que el desenlace de las negociaciones del TLCAN y la política comercial del presidente Trump, que pretende que su país vuelva a la era del proteccionismo comercial, su reforma fiscal en marcha y la expulsión masiva de inmigrantes ilegales mexicanos, el endurecimiento de sus políticas contra México, desencadenen una crisis a finales de 2017; sin embargo, si se produce, sería una oportunidad para replantear las relaciones de México con Estados Unidos y modificar la política económica seguida hasta hoy.

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