.

lunes, 23 de abril de 2018

Nostalgia del Porvenir / a) ¡Ya llegué! b) ¡Me robaron!

Fernando Amerlinck

Hay en nuestro panorama inmediato dos certezas. La primera: proclaman, a veces no muy calladamente “¡Ya verán cuando yo llegue!” cuando acarician la mexicanísima cultura del “¡Ya llegué!”. Me toca a mí robar. Abusar. Desquitarme. Atacar. Quedarme aquí y ya no moverme. ¡Para eso es el poder! ¡¡¡Hacerlos pagar, jijos de su æ@$ª*%&æƒ∂€!!!! ¡Y viva lo que arrebato!

“Ya llegué” o “Me robaron”. El mero mero les ha dado la instrucción: “El que suelte el tigre que lo amarre. Ya no voy a estar deteniendo a la gente luego de un fraude electoral. Así de claro”.
A sus hijos entenados los tigrillos, el pejelagarto los tiene bien entrenados. No hace falta soltarlos porque ya están sueltos, y no ahora sino al menos desde 2006, o acaso desde cuando se entrenaba en invadir pozos petroleros.

Esos tigrillos con afilados colmillos y bien financiado alimento, operan desde las redes sociales hasta algún avión donde viaje un expresidente. Corean por su peje cuando ven a Meade comiendo tacos o —mientras su jefe promete respetar la libertad de expresión— intimidan físicamente a periodistas críticos y los insultan con bots y troles en las redes. Estemos tranquilos si así de bien respetará la libertad de empresa o la libertad de educación o la libertad individual. Confiemos en que este juarista respetará el patrimonio y el derecho ajeno. Por ello, habrá paz. ¿Así de claro?

Quién sabe… No sólo los tigrillos enseñan las uñas. El emisario internacional de Morena John Ackerman (Open Society Institute de George Soros, Ebrard, Clinton etc.) hace suyo esto: “La única manera de que haya un cambio pacífico es con López Obrador. Si nos vuelven a robar la elección, va a haber chingadazos”. Así de claro.

Desde sus cercano-lejanos tiempos, Luis Echeverría logró imponer algo que se había apaciguado: el odio entre mexicanos, el encono entre clases, la acusación de los empresarios como enemigos abusivos y rapaces, la santificación del estatista como único virtuoso. El huevo de esa serpiente ha germinado en un México del rencor y el desquite con ese priista de la vieja escuela llamado Andrés Manuel. Los

arsenales de agravios y las amenazas de revancha están a flor de piel entre demasiados a los que ha “educado” a denunciar la democracia como fraude, ante la certeza de que sólo puede haber legitimidad cuando él gana y las únicas encuestas no cuchareadas son las que le dan mayoría.

Aparte del “Ya llegué” estemos ciertos de que si no alcanza suficientes votos, tigres y tigrillos, serpientes y pejelagartos se soltarán a calles y plazas a atacar el derecho ajeno y robar la propiedad ajena porque “¡Me robaron!”. Ya les dio la orden. Así de claro.

Vivirá poco quien no vea en plena acción esas fuerzas de rencor y odio, encauzadas y propiciadas por una sola persona que conoce todos los municipios y las entrañas del México más profundo.

Por si nos hiciera falta otro suicidio nacional, él mismo habla de una cuarta “transformación” de México luego de las guerras civiles de independencia, reforma y revolución (las tres para perjuicio nacional y provecho de Estados Unidos). En un país cuyo gobierno ya no controla grandes franjas de territorio, hoy en manos criminales, este señor que insulta al Ejército convoca a una confrontación que puede preludiar otra guerra civil. Y ello tras destruir nuestra incipiente democracia con igual eficacia que Victoriano Huerta al matar a Madero.

Habrá que averiguar cuál escenario de gran certeza preferir: una degradación política y rapiña como no veíamos desde Álvaro Obregón con los del “Ya llegué”, o la violencia de los “robados”; digan lo que digan los votos, los recuentos, los observadores internacionales, el INE o el Tribunal Electoral. No hay derrota legítima y el pueblo bueno no se equivoca. Adelante mis tigres y tigrillos, que si pierdo será por fraude. Así de claro.

Habrá que ver de qué estamos hechos los ciudadanos libres que no estamos dispuestos a que nos roben nuestro patrimonio y libertades, perder nuestra frágil paz e imperfectísimo estado de derecho. Habrá que ver de qué tamaño son las fuerzas del Estado nacional para proteger a millones de votantes libres, la integridad de México y, de plano, nuestra relevancia como nación.

Publicar un comentario

 
Copyright © 2014 Libertas