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lunes, 2 de abril de 2018

Nostalgia del Porvenir / La verdadera regeneración nacional

Fernando Amerlinck

Escribo el día de la resurrección, fecha evocadora de una nueva esperanza. Para la civilización que tuvo su origen en el cristianismo y con él inicia su cronología, la Pascua es una fiesta mayor que la Navidad: no es lo mismo nacer que renacer. No es lo mismo entrar a la vida que triunfar sobre la muerte.

Soy pésimo practicante pero creyente profundo en cosas esenciales como esta, que sirven para mejorar la vida real al construir un ánimo de renacimiento, reparación, redención, rediseño, regeneración.

Eso vale para mí pero más para mi país. A México no sólo le hace falta sino que de plano le urge hacer renacer sus esperanzas y visión de posibilidades, pero no con un engañoso movimiento de “regeneración” nacional (eso quiere decir Morena) centrado en un solo hombre. Hace falta una auténtica regeneración pero nacional, no personalista; y mucho menos, caudillista. No hay regeneración si la encarna un caudillo. Regeneración rima con degeneración, que vendría si este país regresara al caudillismo que nos desposeyó de larguísimos períodos de nuestra historia y nos cobró una brutal cuota de sangre.

No necesitamos un cuarto movimiento que reedite la sangrienta guerra de independencia, la guerra de reforma, u otra revolución que mande a la tumba a un millón de mexicanos, todo para principal provecho de Estados Unidos. No nos hace falta división nacional ni odio de clases. No otro caudillo al que le fascina la confrontación y se opone a lo que sea con tal de que se hable de él e imponer la agenda periodística: desde confrontar a Fox con el horario de verano, hasta oponerse al aeropuerto y los contratos petroleros (dice que los quiere “revisar”, cosa que no ha hecho aunque estén en internet). Y amenaza con anular cuanto pueda catapultar a México hacia un futuro de amplísimas posibilidades.

El necio más necio será el que se equivoque de pelea y pretenda combatir con razones al que sólo quiere confrontamientos y reflectores. Más puede un burro negando que Santo Tomás probando, decía mi padre.

No nos hace falta alguien así para construir un futuro de verdadera regeneración nacional para afrontar lo que se nos viene encima: un tsunami de retos y riesgos, cambios y posibilidades que podría hacer de México lo que ya está llegando a ser: una potencia. Estamos a poco tiempo de ser por fin un país decente para vivir en él y preferirlo para construir carreras y formar familias.

Tampoco logrará algo así uno que para llegar a la candidatura dejó un reguero de cadáveres políticos tras destruir a un partido que conoció mejores tiempos y más limpios líderes. Ricardo Anaya no es Manuel Clouthier o Carlos Castillo Peraza, gente de honor que seguía ante todo la ética panista, no hacía negocios raros y nunca lastimó a su partido.

Ante dos contumaces ambiciosos de poder presidencial que para estar donde están dejaron tanto tirado en el camino, sólo hay una alternativa. Un candidato al que no se le conoce trastupije alguno, que ha demostrado ser competente, hombre estable de serena conducta personal y familiar. José Antonio Meade es un peso completo; el mejor prospecto para conducir este país adonde merece estar.

Para gobernar una nación hace falta carácter, capacidad, honradez, visión, experiencia. El carisma sólo es un barniz, poco útil para el hombre responsable que haya de cumplir competentemente como timonel.

Avizorar a Meade como presidente, y antes de eso, como triunfador, es difícil para quien se crea que unas encuestas hechas antes de que comenzaran las campañas, ya son un resultado fatalmente decidido. Contra tanta resignación, urge un ánimo de ambición por lo que evidentemente SÍ le conviene a la nación.

No es inteligente aventarse a la lumbre porque la sartén está caliente pero es comprensible ante tanta y tan justificada indignación por la delincuencia gubernamental (la llaman corrupción), la inseguridad y la violencia. No combatirá eso quien prefiere pactar con los criminales y que hablándoles bonito los va a corregir; o aliarse con ladrones sindicales a precio de arruinar la educación. No podremos montarnos en la cresta de la historia sólo viendo el espejo retrovisor. Sólo podrá interesarle votar así al que le cuadre resignarse con tal mediocridad.

Tampoco conviene el ánimo de odio, confrontación y división que es la naturaleza irrefrenable de López Obrador, único priista que hay en la boleta presidencial. El suyo es el PRI de Luis Echeverría, que nada tiene que ver con un México proyectado al futuro y que está a punto de dejar enterrado su pasado de abuso gubernamental y odio social, ataque a la libertad individual y cultivo de agravios y rencillas. Nadie logrará vencer la impunidad si desdeña la ley. Menos aún si se burla del Ejército y lo quiere asimilar a las podridísimas policías.

Este día me inspira para pensar que SÍ merecemos una verdadera regeneración nacional. No la conseguirán Anaya ni López Obrador, expertos en las prácticas traicioneras y caudillescas del pasado más doloroso, cuyas desgracias nos urge enterrar si queremos abrirnos al futuro. Tampoco lo logrará Margarita, que por estimable que sea, no ha tenido experiencia en responsabilidades importantes. No me cabe duda. Meade no sólo es el más capaz que tenemos hoy sino el mejor prospecto de presidente que he conocido en mi no corta vida. Es también quien mejor puede liderar un gobierno exitoso que nos siga encaminando a ser una potencia y abandonar para siempre el tercer mundo.

Eso deseo y a eso ayudaré: una genuina regeneración nacional, ahora que comienza la campaña más amplia e importante que ha habido desde que en este país se respetan los votos.

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