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lunes, 30 de abril de 2018

Metrópoli Central / Rumbos del voto: con miedo o con esperanza

Mtro. Fernando Díaz Naranjo
Analista político
@fdodiaznaranjo

Existen muchos aspectos por lo que la gente participa o no en una elección emitiendo su voto a favor de una determinada candidata, candidato, con o sin partido, o coalición.  También, son múltiples los factores por los que la gente, una vez que asistió a la casilla, anula su voto; generalmente se debe a un descontento generalizado y hasta debiera entenderse como un rechazo por las opciones que encuentra en la boleta electoral.

En este sentido, lo más importante es que la población electoral asista copiosamente a las urnas a votar por la o el candidato de su preferencia, por lo cual, tanto autoridades electorales como medios de comunicación y hasta instituciones de educación superior, principalmente, son las encargadas de resaltar la importancia de nuestra obligación constitucional de votar.

En tanto, los partidos políticos que, si bien, “…tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática…”, en la realidad y, sobre todo en el desarrollo de las campañas electorales, su operación política tiene otras vertientes.

Los partidos en campaña son instancias que se alejan de la población notoriamente. Saben que guardan un gran descrédito y por ello se encargan de posicionar más a sus candidatos que a su propia marca.  Sólo basta ver la publicidad de las campañas para la Presidencia de la República para corroborar esta afirmación.  Sin embargo, en la boleta electoral las cosas cambian.

Del mismo modo, las campañas electorales más que buscar posicionar determinadas propuestas, parecería que su fin es el de generar en la población una polarización, no entre propuestas, sino entre quien genera esperanza y quien produce miedo.  Así, los temas fundamentales con los que se han caracterizado las campañas incluida la actual campaña Presidencial, es el posicionamiento de la esperanza, por un lado, y por el otro, el factor miedo.

La esperanza no es necesariamente un tema posicionado por una candidata o candidato, sino más bien es el sentimiento de la población que se siente harta de la situación política del país, del entorno económico con que vive todos los días y, sobre todo, con tanta inseguridad que se vive a lo largo y ancho de nuestra República Mexicana y espera que, ante la presentación de alternativas, lograr que la difícil situación de nuestro país cambie.  Por ello, la gente se arropa en quien le genera una cierta esperanza de que tales condiciones pueden mejorar.  De esta situación, suelen aprovecharse tanto candidatos como partidos políticos y, hacer ofertas a la población.  Dichas propuestas que se insertan en las campañas algunas son totalmente razonables, pero otras están fuera de toda realidad.

Por su parte, el factor miedo es más bien una estrategia trabajada para inyectar en la población la sensación de que si vota por tal candidata o candidato, por tal o cual partido político o coalición, perderá beneficios, la situación económica empeorará y se pudiera desatar hasta una crisis político social.

Ambos rubros, esperanza y miedo son sentimientos naturales de cualquier ser humano, pero establecerlos como objetivos de campaña ante la población es una estrategia vil, son actos desesperados por alcanzar votantes, por conservar beneficios y ganar una campaña electoral.  El miedo también puede alcanzar sentimientos encontrados en la población que la inhiban a ir a votar, por ejemplo.

Jugar a generar miedo en la población o a proponer esperanza por algunas propuestas que serán difíciles de alcanzar, es buscar un triunfo a como dé lugar, sin importar la gente, nuestro país, nuestro desarrollo o estabilidad.  Estos “conceptos” no deberían permearse en la población en la forma en como se está proyectando.

Sin embargo, a dos meses de la jornada electoral poco se puede hacer ya, lo que nos queda es tomar con reserva lo que se nos proyecta por diversos mensajes, principalmente por la radio y la televisión, y concentrarnos en quien o quienes nos dan las mejores propuestas para nuestro bienestar; eso sí, propuestas razonables, pero sobre todo realizables.

Algo queda claro, la esperanza y el miedo son factores que sí pueden cambiar el destino de una nación, pueden imponer un nuevo régimen, pero también pueden convertirse en el verdugo de quien o quienes han hecho de este país una nación con tantas carencias y con una gran inseguridad que aqueja a la población más que nunca.

Sería recomendable que el próximo legislativo analice reformar la legislación electoral federal para generar ciertos criterios de conducción más estrictos para las campañas electorales.

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