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lunes, 2 de abril de 2018

Metrópoli Central / Hay que escuchar las propuestas de campaña para decidir

Mtro. Fernando Díaz Naranjo
Analista político
@fdodiaznaranjo

En un hecho sin precedentes, este 30 de marzo, en la Ciudad de México, iniciaron las campañas para la Presidencia de la República y para Jefa o Jefe de Gobierno de nuestra Ciudad Capital.  En unas semanas, los arranques de otras campañas políticas se unirán y completarán el ajedrez de la competencia electoral más grande que se haya registrado en nuestro país.

Entre elecciones federales y elecciones locales la población vivirá una avalancha de spots tanto en radio como en televisión; mensajes, eventos, probablemente visitas domiciliarias, entrega de propaganda, así como verá tapizada su Ciudad de pancartas, gallardetes, lonas, entre otros elementos propagandísticos.  Ni que decir, de las Redes Sociales que han estado haciendo ya su labor de servir como canales de comunicación política para la población.

Pero esta vorágine está perfectamente delimitada en la legislación electoral para que la población se informe, conozca y, eventualmente se vaya haciendo de ideas claras de lo que, en teoría deberán proponer las y los diversos candidatos.  Justo de eso tratan las campañas electorales, de conocer las propuestas de candidatas y candidatos para que los electores, en su oportunidad, contemos con información suficiente y podamos emitir, el día de la jornada electoral, nuestro voto por el partido, la coalición o la candidata o candidato de nuestra preferencia.

Por mala fortuna, elección tras elección, vemos que las campañas dan a la luz pública otras sorpresas en las que los ciudadanos quedamos muchas veces asombrados y hasta molestos.  Me refiero a lo que se ha conocido como “campañas negras” que son, desafortunadamente, en el mayor de los casos, estrategias bien planteadas e integradas para desacreditar al adversario utilizando prácticas desleales de competencia electoral.

El denigrar, el culpar a alguna candidata o candidato con o sin fundamento, puede convertirse en un esquema usual de estrategia de estas campañas políticas.  Las vimos en las precampañas y no sería raro que las volviéramos a ver.

Sin embargo, no debemos acostumbrarnos a esta forma de hacer campaña.  En mi opinión, constituyen muchas veces actos desesperados para quienes no tienen los números que quisieran consigo, o bien, sienten que les alcanzarán en la contienda electoral.  Lo único que provocan en un desconcierto en la población, un malestar por la forma de hacer política y ponen en un dilema a las autoridades electorales al estar revisando y sancionando este tipo de prácticas.

Las mejores campañas electorales y las que la ciudadanía merece serán aquellas que estén llenas de propuestas, de alternativas para generar un mejor lugar de convivencia, de mejores oportunidades de desarrollo y bienestar para la población, de estrategias de crecimiento, de esparcimiento, de generación de empleo, de abatimiento de la inseguridad que nos azota cada día más, de esquemas para abatir la corrupción, entre tantos más.

Culparnos los unos a los otros no resuelve nuestra situación y la población debe de ser consciente de que votar por propuestas, cualquiera que consideren viables, es el mejor mecanismo de cambiar nuestro México, nuestra Ciudad y nuestro entorno, así que a votar por propuestas sólidas más que por dimes y diretes.

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