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jueves, 15 de marzo de 2018

Enfoque Global / Rusia y la democracia controlada

José Luis Ortiz Santillán

“Si el combate es inevitable, hay que ser el primero en golpear”

Este domingo se realizarán elecciones en Rusia. En 1990, cuando la perestroika culminó con la disolución de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), los países occidentales echaron a volar las campanas al ver desmoronar el muro de Berlín y luego la caída de todo el bloque de países socialistas; 28 años después, los antiguos aliados del Kremlin le han dado la espalda e intentado acorralarla, luego de la crisis entre Ucrania y la anexión de Crimea y Sebastopol a Rusia en 2014; y ahora la participación rusa en la guerra en Siria, las sospechar de interferencia en las elecciones estadounidenses y en envenenamiento de un doble espía en Inglaterra.

Rusia ha vuelto a ser protagonista de la geopolítica mundial, se les ha salido de control a los países occidentales. El delfín de Boris Yeltsin, el primer mandatario ruso después de la disolución de la URSS, el presidente Vladimir Putin, pasó de ser un agente de la KGB a controlar los destinos de Rusia, pasando de presidente a primer ministro y viceversa. Putin fue primer ministro en 1999, luego presidente de 2000 a 2008, primer ministro de 2008 a 2012 y volvió a ser presidencia en 2012, después de reformar la constitución y este domingo el actual jefe del Kremlin volverá a ser presidente, luego de eliminar a sus oponentes, aunque le digan luego: “Sr. presidente, tengo buenas noticias; Usted ha sido reelecto. Pero también tengo malas noticias: nadie votó por Usted.

Sin oponentes, muertos accidentalmente o inhabilitados para participar en las elecciones, este domingo Vladimir Putin volverá a ser presidente hasta 2024. A él no le importa obtener menos del 63.6% de los votos logrados en 2012, sólo mantenerse en el poder; pero si él no fuera el candidato, lo sería su amigo Dmitri Medvédev, el actual primer ministro, quien ha sido presidente cuando Putin ha ocupado el puesto de primer ministro, dirigiendo los destinos de su país desde esa posición.

Los rusos consideran que Putin les ha vuelto la grandeza a Rusia y a sus fuerzas armadas, y están en lo cierto. En los años noventa, luego de la caída de la URSS, los pilotos de la fuerza aérea parecían haber perdido sus privilegios y se veían obligados a criar puercos en su apartamentos para sobrevivir, con salarios miserables y si prestaciones sociales; hoy Putin le ha devuelto la grandeza a sus fuerzas armadas y recientemente ha presentado el armamento de última generación, puesto a prueba en la guerra en Siria, donde combate a lado de Bashar Háfez al-Ásad, impidiendo su caída.

Pero también, muchos rusos ven a Putin como un garante de la estabilidad en su país y un contrapeso frente a un mundo que, hasta hace poco, parecía unipolar. Putin tiene una popularidad real que no se puede ignorar y, en realidad, ha estado en el poder desde 2000, sin importar su paso como primer ministro; mucho más tiempo que cualquiera de los líderes mundiales del mundo, excepto la Canciller alemana Angela Merkel.

Putin no ha hecho campaña, sus rivales no la han ameritado y su rival más peligroso podría ser la abstención, la cual en 2012 fue del 35%. Este domingo habrá más de 110 millones de votantes, entre los cuales podría crecer la apatía en participar en un proceso electoral totalmente controlado, donde no ha habido ni opositores ni debates, sin volantes o afiches, solo declaraciones y una conferencia de prensa espectacular donde se presentó el nuevo armamento ruso, capaza de eliminar los actuales escudos estadounidenses antimisiles.

Vladimir Putin y la “"si el combate es inevitable, hay que ser el primero en golpear”. La democracia a la que millones de rusos han aspirado y defendieron el socialismo inspirador de la revolución rusa de 2017, encabezada por Vladimir Lenin, parase un fantasma o un sueño inalcanzable. Ni conservadores, ni liberales, ni socialistas, ni comunistas, nadie ha sido capaz de arrastrar a las multitudes en Rusia para edificar la democracia; en cambio, todos hemos leído, escuchado y visto, como los opositores han sido encarcelados, asesinados misteriosamente o inhabilitados para contender en las elecciones. Putin ha instaurado un sistema de poder en Rusia, el cual todo depende de él.

Los otros siete candidatos a la presidencia en Rusia no son de preocupación de Putin, los que le quitaron el sueño han desaparecido. Hay tres liberales, dos comunistas, dos ultranacionalista. Entre ellos, la extravagante y controvertida presentadora y actriz, Ksenia Sobchak, resume el bloque liberal prooccidental.

Probablemente los lectores se pregunten y ¿después de las elecciones quién será el primer ministro? No hay otra respuesta evidente, que el actual, Dmitry Medvedev, quien seguramente será el candidato a la presidencias de Rusia en 2024, quien seguramente será acompañado por Alexei Kudrin, exministro de fianzas, el cual encarna las reformas estructurales y la privatización realizadas recientemente en Rusia, o quizá Sergei Glaziev, el asesor de Putin.

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