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viernes, 9 de marzo de 2018

Cañazos / UNAM, cómo han pasado los años

Arturo Bárcena Bazán

Primera parte

¡Goya, Goya, cachún, cachún, ra, ra! ¡Universidad!, era el grito que se escuchaba en el barrio universitario ubicado alrededor de la Preparatoria Número Uno – cuya puerta principal fue destruida por un basukazo del Ejército durante los acontecimientos de 1968-  ubicada en la calle de Justo Sierra y casi esquina con El Carmen, ahí donde estaba el cine Goya, que dio origen a ese grito universitario, que después redundó también en todas las preparatorias universitarias y a partir de los primeros años de la década de 1950 en la entonces segura y respetada Ciudad Universitaria, donde reinaba en aquel entonces el respeto y la seguridad entre catedráticos, estudiantes, deportistas, autoridades y se respetaba al personal de seguridad.

Qué años aquellos en donde permanecí cinco años en la Facultad de Derecho, en donde hice el Servicio Militar con el Instituto Nacional de la Juventud Mexicana, donde practicábamos basquetbol, donde asistíamos al Frontón Cerrado, a la alberca donde se entrenaban Guillermo Echeverría y Felipe “el Tibio” Muñoz, en años en que aún el equipo de futbol de los Pumas no llegaba a la Primera División –lo hizo en  1962– épocas en donde se podía transitar con seguridad y libertad por la famosa isla, situada entre las Facultades de Derecho, Economía, Arquitectura e Ingeniería.

Hoy, en este 2018 es peligroso transitar por esos espacios verdes, es peligroso que un estudiante como lo hizo Axiel Lara, de la Facultad de Derecho, proteste por la inseguridad que existe en la UNAM, que ha llegado al extremo de que dentro de ella se susciten balaceras y homicidios como lo señalan los hechos ocurridos en 23 ce febrero pasado, en que hubo un tiroteo –se dice que entre narcomenudistas- y dos personas fueron asesinadas. Todo ello bajo una impunidad que el rector Emilio Grue, médico oftalmólogo no ha podido contener y los delincuente se protegen bajo el  lema de que la Universidad es autónoma y por ese hecho no pueden penetrar en ella las autoridades locales y federales para poner fin a esa ola delincuencial que, se afirma con cierta certeza, abate a la Ciudad Universitaria  y a la Facultad de Estudios Superiores de Acatlán, en Naucalpan, estado de México.

El auditorio Justo Sierra, hoy conocido como Ché Guevara, de la Facultad de Filosofía y Letras –donde estudiaron las reinas de los Pumas de la Universidad de Futbol Americano,  Fany Cano y Valeria Pani, junto con la artista Begoña Palacios, allá por  la década de 1960 -, fue tomadlo desde el año 2000, durante la rectoría de excelente rector Juan  Ramón De la Fuente por un grupo de seudoestudiantes que, según se afirma, lo han convertido en su centro de acopio, distribución y venta de droga, lo  mismo que el salón A-805 de Acatlán donde se distribuye y vende droga, según informaciones periodísticas dadas a conocer  a inicios de esta semana; todo ello bajo la impunidad que los rectores han permitido bajo el pretexto de la autonomía universitaria, “autonomía que no significa extraterritorialidad”, dijo  el doctor Enrique Luis Graue Wiechers, al momento de tomar posesión en noviembre de 2015 como el rector número 34 en la historia de la UNAM.

El doctor Grue la haría bien de político porque ha resultado bueno para el discurso, pero pésimo en su actuar contra la delincuencia que, se asegura y se constata, existe dentro de la  UNAM y que él mismo ha reconocido pero no ha podido ponerle freno.

El 26 de octubre de 2016, el rector afirmaba que “existe una ola delincuencial en los alrededores y dentro de Ciudad Universitaria y que la vigilancia de la Universidad no cuenta con los elementos para atrapar delincuentes, sin embargo, el personal ha tenido la voluntad de perseguirlos, pese al riesgo que ello implica”  y tiene razón porque  “el Departamento de Vigilancia de la UNAM, actualmente Dirección General de Prevención y Protección Civil,  se ha sostenido de milagro. Ahorita estamos en crisis pero llevamos años manteniendo esto como Dios nos da a entender, porque no estamos armados y nuestras facultades de acción son limitadas. Sólo recibimos algunos cursos teóricos”, indican algunos de los mil 400 vigilantes responsables de la seguridad de la UNAM-.

El  27 de junio de 2017, el doctor Enrique Grue reconoció públicamente que existe narcomenudeo en las instalaciones de la Máxima Casa de Estudios. “Es innegable que el narcomenudeo existe en nuestras instalaciones y contra ellos, desde hace casi un año, se inició una serie de investigaciones para detener, siempre fuera de las instalaciones universitarias a vendedores y distribuidores de estupefacientes.. y lo seguiremos haciendo”, dijo textualmente ante la comunidad del Instituto de Ciencias Nucleares, así como de miembros de la Junta d Gobierno, máxima autoridad universitaria según lo establece La Ley Orgánica del 30 de diciembre de 1944.

El 16 de agosto de 2017 el rector Grue, al dar la bienvenida a 36 mil estudiantes de bachillerato y 47 mil en licenciatura, expresó:  que son los mismos universitarios quienes deben evitar espontáneamente el narcomenudeo dentro de  Ciudad Universitaria y demás instalaciones de la UNAM, incluyendo la Facultad de Estudios Superiores de Acatlán. Entonces ¿ qué responsabilidad asumía él para acabar con la delincuencia dentro de las instalaciones a su cargo?

Hay que recordar que durante marzo de 2016, el doctor Grué recibió el apoyo de autoridades universitarias, asociaciones civiles y de profesionistas egresados de la UNAM, así como de reconocidos analistas de los medios de comunicación para que se recuperara el auditorio Justo Sierra, pero él no aprovechó  esa inercia a su favor y hasta la fecha las cosas en la Facultad de Filosofía y Letras siguen igual y según se vió el 23 de febrero empeoran, si se confirma la versión de que grupos de narcos se pelean actualmente el territorio universitario.

El lunes 16 de noviembre de 2015, días antes de tomar posesión, el doctor Grue había dicho: “ La autonomía siempre ha estado bien definida y es a través de cuerpos colegiados como nos gobernamos, como educamos,  como investigamos y como administramos los recursos. Aclaro, autonomía no quiere decir extraterritorialidad. Esto  no quiere decir que la autonomía es que no pueda entrar aquí alguien a detener a un delincuente .Eso no es la autonomía, por supuesto. No es deseable que suceda. Porque los  actos violentos dentro de los campos universitarios pueden terminar siendo más violentos” Ya encarrerado señaló: “Pero si sucede algo inadecuado que pueda aquí haber un herido, en fin, un acto violento, por supuesto que la policía podría entrar eventualmente. Y diría que esto tiene que platicarse y tener una relación más estrecha con las autoridades judiciales competentes y la Universidad las tiene”.

Sólo que hasta la fecha no se ha hecho algo al respecto aduciendo la autonomía universitaria, tema que tocaremos el próximo lunes, mientras seguimos añorando tiempos en que en la Ciudad Universitaria se transitaba con toda tranquilidad.

Sería mucho pedirle al rector Grue y a los miembros de la Junta de Gobierno de la UNAM que como regalo del cincuenta aniversario del Movimiento Estudiantil de 1968  -en que el rector era el ingeniero Javier Barros Sierra, quien encabezó la marcha estudiantil, a la que se sumo la sociedad civil, para protestar por la participación del Ejército en contra de la Instalaciones universitarias-, nos dieran como regalo el que todos los salones, el auditorio Justo Sierra estén dedicados precisamente para los fines de la Universidad: Impartir en ellos cátedra y llevar a cabo actos culturales, pedagógicos y no sean centros donde se incumbe la delincuencia de seudoestudiantes, como se afirma.

Continuará...

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