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viernes, 16 de febrero de 2018

Economía y Política / Venezuela: Trump no quiere ir a la guerra

Miguel Ángel Ferrer

Juzgado el asunto con base en las palabras de los enemigos del chavismo, son muchos los indicios de que Estados Unidos ha decidido emprender una intervención militar en Venezuela. Ésta puede adoptar la modalidad de la invasión directa con tropas estadounidenses o una agresión a trasmano mediante el concurso del ejército de Colombia. O, también, por la vía de la creación de una fuerza castrense multinacional, como aconteció en Irak y Afganistán. Y lógicamente puede acudirse a los bombardeos quirúrgicos como una primera medida para ir ablandando la resistencia del gobierno venezolano.

No hay duda de que estos son los deseos y proyectos del imperialismo desde hace al menos 18 años. Pero, en cambio, existen muchas dudas sobre la decidida voluntad de Donald Trump de embarcar a su gobierno en una aventura militar internacional cuyas expectativas de éxito son poco menos que inexistentes y sobre la cual, una vez iniciada, ya no tendría ningún control.

De modo que es visible una severa contradicción entre los propósitos del llamado estado profundo y la visión de Trump. Hasta ahora, luego de un poco más de un año de estadía en la Casa Blanca, es evidente que Trump ha sabido y podido sortear los amagos del estado profundo para torcerle el brazo y conducirlo a la resignada obediencia.

Lo que sí ha conseguido el estado profundo es que Trump presione, amenace y maldiga. Pero hasta el momento sólo ha habido palabras y no hechos. Corea del Norte, Irán, Siria y Cuba son ejemplos vívidos de la distancia entre las palabras y los hechos. Y aunque sus poderosos adversarios sostengan que Trump es un desequilibrado mental, lo cierto es que su comportamiento no valida esos desahogos verbales.

Trump ha demostrado innegable sensatez al ponderar la reacción de China y, sobre todo de Rusia, en el caso de que EU emprenda una agresión militar contra Venezuela. Como ha acontecido con Irán, Siria y Corea, y antes en Vietnam y Cuba, es obvio que una agresión castrense contra la patria de Bolívar implicaría el necesario involucramiento de chinos y rusos. Quizás no necesariamente con tropas en el teatro de operaciones, pero sí indudablemente con masivos e ingentes apoyos estratégicos, económicos y diplomáticos.

Ante la sabida reticencia de Trump a acudir al expediente militar, lo más probable es que la andanada verbal, diplomática, comercial, mediática y económica contra Venezuela pretenda, más que aceitar la intervención castrense, propiciar las condiciones para un golpe de Estado militar que permita desalojar al presidente Maduro del poder y así devolverle a Washington el dominio pleno de Venezuela.

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