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martes, 2 de enero de 2018

Un cartel por cada uno de los 50 años sin el Che, en la UAM

La mítica imagen del argentino Ernesto Che Guevara captada por Alberto Korda mientras observaba el cortejo fúnebre de las víctimas del atentado terrorista contra el barco La Coubre en 1960, en La Habana, Cuba, trascendió aquel momento histórico para convertirse en un símbolo de la revolución, más allá de la latitud geográfica o el pulso ideológico.

Después de cinco décadas del fallecimiento del icónico guerrillero, de siglo y medio de la publicación de El Capital, de Carlos Marx, y de los cien años de la Revolución Rusa, la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) conmemoró un hecho irrepetible con la Exposición internacional de carteles 50CHE. Jornadas en homenaje, que permaneció abierta hasta el 15 de diciembre último en la biblioteca de esa sede académica.

La muestra comprende 50 obras, una por cada año sin el Che, de diseñadores de 16 países que son referente de la lucha social por distintas causas y respondieron a la convocatoria de esta casa de estudios y la Bienal Internacional del Cartel en México para reinterpretar y plasmar su visión del insurgente más significativo de la época moderna.

La mayoría de los trabajos destaca por su minimalismo y el predominio de los colores de la bandera cubana: blanco, rojo y azul, además del negro, el verde militar y los elementos que distinguieron al célebre rebelde: la boina, la barba y el habano.

En uno aparece con el rostro atravesado por franjas rojas y blancas y el número 50 en la parte baja, mientras en otro cartel el político, militar, escritor y periodista fuma su tradicional puro y el humo forma el hemisferio americano –desde México a Argentina– acompañado de la insignia cubana y el texto: “50 años de memoria histórica por la dignidad de América Latina”.

Sobresale un rótulo con la fotografía del cadáver del revolucionario asesinado en Bolivia en 1967, por un lado, y con una litografía de Cristo luego de su crucifixión, por otro. Ambas imágenes atravesadas por la palabra “barbudos”. Otro exhibe un estetoscopio con una estrella en lugar de membranas que recuerda la faceta de médico del argentino-cubano y uno más presenta el símbolo de la Revolución Cubana traspasando la palma de una mano con uno de sus picos.

En casi todas las piezas queda de manifiesto el luto: velas, moños negros, lágrimas de sangre y las leyendas: “han pasado 50 años ¿ha cambiado algo?” o “podrán morir las personas, pero jamás sus ideas”.

Entre los exponentes resaltan las participaciones de Pekka Loiri, presidente de la Bienal de Finlandia Lahti; Chaz Maviyane-Davies, activista por los derechos humanos, y Elizabeth Resnick, pilar de la lucha por la equidad de género en Estados Unidos.

El doctor Félix Beltrán Concepción –Profesor Distinguido de la UAM, figura notable del diseño cubano y cercano al Che– contribuye con una obra, así como el canadiense Burton Kramer y el tipógrafo Gonzalo García Barcha, hijo del escritor colombiano Gabriel García Márquez, entre otros.

En entrevista, la doctora Dulce María Castro Val, jefa del Departamento de Investigación y Conocimiento del Diseño de la Unidad Azcapotzalco, detalló que la exposición significó un encuentro inédito de grandes representantes del diseño y propició un diálogo a partir de la iconografía de uno de los personajes más reproducidos del mundo.

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