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lunes, 15 de enero de 2018

Metrópoli Central / El voto nulo y abstencionismo

* Mtro. Fernando Díaz Naranjo
Analista político
@fdodiaznaranjo

Uno de los aspectos que forman parte de nuestro sistema democrático tiene que ver con el hecho de que los electores asistan a las urnas y voten en las elecciones correspondientes.  Sin embargo, los ciudadanos que sí asisten a la casilla electoral pueden votar por alguna de las propuestas señaladas en la boleta electoral, es decir, por algún partido político, coalición, candidato de alguna de dichas instituciones políticas, por algún candidato independiente o bien, deliberadamente emitir un voto nulo.

Bajo este concepto, diversos estudios han caracterizado al voto nulo como la expresión ciudadana de rechazo o hasta de protesta en contra de las opciones políticas integradas en la boleta electoral, contra el sistema mismo o bien, por sentir que ninguna de las opciones presentadas cumple con las expectativas que como ciudadano exige o espera.

No obstante, este ejercicio de emisión de un voto nulo también garantiza el derecho del ciudadano a expresarse libremente.  También es importante señalar que el voto nulo se contabiliza así cuando existe un error en la forma de marcar la boleta electoral o bien, entre otros aspectos técnicos.

En los procesos electorales federales, el voto nulo ha tenido un comportamiento muy significativo que lo ha posicionado inclusive por arriba de lo que obtienen algunos partidos políticos en la contienda electoral.  De los nueve procesos electorales federales registrados desde el año de 1991 hasta 2015, en los que ha operado el Instituto Federal Electoral (de 1991 hasta 2012) y el ahora Instituto Nacional Electoral (2015), se observa que el proceso electoral en donde menos votos nulos registrados hubo fue en la elección del año 2000 con el 2.32% de los votos emitidos, en tanto que en la elección registrada en el año 2009 alcanzó una cifra de 5.4%.  La media alcanzada en los nueve procesos contabilizados es de 3.51%.  A esto habrá que sumarle en su oportunidad lo que se llegue a registrar en la elección de julio próximo.

El efecto del voto nulo tiene varias consideraciones, pero me gustaría resaltar aquél en que el ciudadano emite un voto nulo con toda intención a manera de protesta por las opciones presentadas, porque no está de acuerdo con la gestión de política públicas, porque no le convencen las propuestas que se presentaron en el transcurso de las campañas, entre otras.  Y si a esto le sumamos que los niveles de abstención en algunas elecciones son importantes, es cuando debemos ocuparnos de analizar que es en realidad lo que está sucediendo con nuestro sistema político electoral.  Tan sólo en la elección federal de 2015 la participación fue poco mayor al 47% de los ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores.

En este contexto, también hay diversos estudios que vinculan una parte del abstencionismo como una manifestación de rechazo o descontento social hacia las formas en que la población vive y, sobre todo, cuando ya ha ejercido su voto por diversas fuerzas políticas y no ha encontrado las soluciones que espera, tiende a perder el interés en seguir participando.

Ambas situaciones, el abstenerse de participar en las elecciones o bien, ir a la casilla, pero anular el voto son aspectos que, en primera instancia deben ser revisadas por los actores políticos, es decir, por los participantes en la contienda electoral; me refiero a los partidos políticos y sus candidatos, quienes eventualmente se convierten en representantes de la sociedad.

También sería oportuno que, en su oportunidad, pasando el proceso electoral en curso, sean exploradas diversos aspectos que incentiven a los electores a participar en elecciones.

Las campañas llevadas a cabo por las instituciones electorales para que la gente participe en las elecciones son dignas de reconocimiento, pero no habrá mayor incentivo que los que ganen una contienda electoral rindan los resultados que la población exige, cumplan con sus compromisos manifestados en el transcurso de la campaña, rinda cuentas y se mantengan siempre atentos a las principales necesidades de la población.

A unos cuantos meses estamos de una elección federal más en donde observaremos el comportamiento del voto nulo y el nivel de abstencionismo que, en su caso, se manifieste en la elección.

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